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Un IVAM propositivo

Logotipo oficial, IVAM 2015

Cartel oficial, IVAM 2015


El jueves pasado más que un Tránsito el IVAM fue objeto de una ocupación. Había felicidad. Había caras que hacía muchos años no visitaban ese espacio. Aquella inauguración fue una puesta en común. Múltiples sectores creativos del panorama valenciano estuvieron presentes. No pude evitar sentir la alegría común del final de una etapa angustiosa y angustiante y el inicio de un mundo posible.

En este sentido, ayer domingo saltaba a la prensa, de una vez por todas, la investigación que Intervención de la GVA ha estado realizando durante varios meses en el IVAM. Los datos son conocidos de la comunidad artística: Gao-Ping, Gerardo Rueda, exposiciones en el fin del mundo con dinero público, nepotismo, etc.

Quizás la comunidad artística ha llegado de una forma natural con el correr de los años a una reflexión profunda, a un punto de no retorno. Esa reflexión habla de un necesario cambio que rompa con las lógicas de cercanía al poder, con la sumisión para acceder a toda costa a hacer una exposición o con el pesebrismo vacuo de intelectuales. Pues, en el fondo, esos actos puntuales estaban minando la posible constitución de un espacio simbólico común. Es desde esta reflexión ética que la comunidad artística ha trabajado armónicamente durante estos años y llegado el momento ha mostrado un convencimiento renovado y en bloque por la defensa del IVAM. No han habido fisuras, ninguna.

Muchos han sido los esfuerzos empleados de manera individual o colectiva durante los últimos meses. Éstos provienen principalmente de la sociedad civil más comprometida con las prácticas culturales contemporáneas. Artistas, críticos y gestores bajo el paraguas de asociaciones profesionales, plataformas culturales o individualmente han ejercido una presión continuada que cristalizó hace muchos meses. La tensión se mantuvo de múltiples maneras para conseguir que el IVAM iniciara su nueva andadura “limpio de polvo y paja”. Las visitas informativas, o más bien pedagógicas, a los grupos políticos actualmente en  la oposición en las Cortes, los encuentros con la Consellería de Cultura, las “quedadas” festivo-reivindicativas en la explanada del IVAM, han constituido junto a foros sobre cultura, artículos, conversaciones telefónicas y charlas informales el germen de una nueva manera de pensar ese y otros espacios culturales.

Miquel Navarro desgajado de estos pensamientos desde hace años reprodujo una lógica aberrante y ridícula, pensando el espacio público como espacio propietario. Pues sin duda el IVAM no es El Corte Inglés, ni Miquel Navarro es Adolfo Domínguez, aunque quizás sí.

Miquel Navarro en el IVAM. Foto: José Cuéllar

Miquel Navarro en el IVAM. Foto: José Cuéllar

Esta consideración del IVAM lo instala rápidamente en las lógicas empresariales y marketinianas más peligrosas. Miquel Navarro se convierte en una marca registrada, en una tendencia. Mientras reproduzcamos esas lógicas estaremos irremediablemente reproduciendo un sistema obsoleto cuya función primera es la de taponar a conciencia el espacio simbólico emergente. En suma, ni toda la obra de un artista es relevante, ni un artista puede estar por encima de una comunidad artística o incluso de la emergencia y constitución de un ecosistema cultural.

Las transformaciones sociales y mutaciones culturales que observamos en estos tiempos son de hondo calado. Cuando me ocupo del IVAM me estoy ocupando de pensar modelos de gestión institucional y comunitaria diferente en otros sectores. Por eso, ya no se trata de un “quítame tú para que me ponga yo”. Ya no se trata de un catálogo de artistas y contenidos diferentes. Se trata de algo más.

Estos cambios vienen guiados por una palabra: participación.

Ahora bien, qué entendamos por participación nos situará en un espacio más o menos cercano a los cambios sociales que están desbordando la realidad en otros múltiples lugares. El mundo de la cultura no es ajeno en absoluto a estos cambios. Es su reflejo. Diría más, los está precediendo como el caso que nos ocupa.

Como es sabido la participación debe ir acompañada de información accesible en diferente grado pues no todas estamos preparadas en todo momento a ingresar en los diferentes niveles de complejidad de un sistema organizativo. Habrá ocasiones en las que deseemos simplemente recibir un trato distinto y otras en las que la misma persona desee adentrarse en capas más profundas de problematización. Lo mismo sucede con necesaria renovación en la implementación de procesos guiados por la apertura y responsabilidad en los sistemas de producción. 

Hace unos meses escribía un pequeño artículo, No pienses que es un museo. En él recordaba las funciones primeras de ese Instituto. El IVAM no es solo una colección sino también el lugar desde el que promocionar las nuevas prácticas culturales y sociales.

En este sentido, hay diferentes formas de conceptualizar un museo. Hace unos diez años hablaba con una investigadora independiente en Francia que me contaba su fascinación por los museos-olvidados. Esos museos son los que no habían pasado por la mano del marketing. Aquellos espacios en que podía verse las lógicas narrativas y el mobiliario de principios del siglo pasado o incluso de los años 70 preparados para el turismo europeo. Confieso aquí que a partir de entonces siento la misma fascinación. El IVAM había conseguido mantenerse en un nuevo espacio transformado por dos ejes fundamentales: el desconocimiento y el marketing comercial.

Ese lugar vivía inerte y cerrado preocupado por la suplantación de la realidad, construyendo un espacio de inaccesibilidad insoportable. Espectacularizaba burdamente un espacio, pervertía al arte y los artistas y con ello al público. A este último lo fue convirtiendo de visitante a cliente y por ese movimiento rocambolesco debía falsear el número de visitas. Pero lo más lamentable es que no hubo ningún eje de optimización mínima de esos recursos públicos. La perversión fue constituyéndose a la vez que fue dejando huella en las acciones económicas como hechos fundamentales e incuestionables.

A partir de ahora, el equipo tiene ante sí el mayor de los retos. Un reto que nos incluye pues debemos todas reconfigurar y habitar ese reseteado general empezando por nosotras mismas.

Un IVAM propositivo nos incluye, por tanto, como fuerza instituyente que permite la emergencia de una nueva estructura-institución. Ésta debe forzosamente ser pensada alejada de las lógicas de sujeto-consumidor para iniciar un proceso multinivel que la acerque a la del sujeto-participante.

Entender que el nivel institucional es el único existente sería burdo sobremanera cuando abordamos la constitución de un nuevo espacio simbólico. Del mismo modo, cuando se solicita la independencia de la institución ésta debería igualmente velar por la constitución de espacios de oxigenación social y cultural igualmente independientes. Espacios de gestión comunitaria, espacios de cooperación, alejados de las lógicas mercantiles y políticas. Espacios que promuevan diferentes tipos de prosumidores o sujetos políticos-actores implicados en la vida en común.

De este modo, la necesaria y profunda renovación institucional debería ser guiada a partir de ahora por una concepción ciudadana exigente con respecto a los espacios públicos. Teniendo para ello en cuenta unas mínimas reglas de convivencia e intercambio simbólico que presten especial atención tanto a las formas de producción del conocimiento como a su diseminación plural y transformación coparticipada.

Igualmente, deberíamos ser conscientes que el nuevo tipo de promoción en materia de políticas públicas a desarrollar debería ser exquisita en el respeto a la independencia y el impulso de nuevos caladeros sociales y culturales. Estos espacios, laboratorios del presente, permitirían la regeneración de nuestro tejido social y de nuestro ecosistema cultural. Constituyendo así una institución que se renueva y renueva el contrato social con su entorno impulsando procesos de regeneración colectiva. Una institucionalidad que reaccione frente a un entorno terriblemente deteriorado por lógicas extractivas y con la que nos ayudemos todas a superar la honda privatización de todo tipo de experiencia.

Pero por el momento estamos En Tránsito.

Entrada y salida del IVAM. Foto: Armand Llàcer

Entrada y salida del IVAM. Foto: Armand Llàcer

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Entrevista a Guillem Martínez (versión castellano)

Es periodista, escritor y ensayista. Es guionista de series satíricas como Polonia de TV3. Ha escrito libros como Pásalo, La Barcelona Rebelde, Franquismo-Pop, etc. Hablando con él notas rápidamente que la escritura y la crítica literaria son las fuentes a partir de las cuales se nutre su red referencial primera.
Ha mantenido un blog durante dos años y ha coordinado el libro La Cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española. Es alguien pegado a la actualidad y que interroga el entorno de cambios a su alrededor.
Muchos pensadores lo han explicado de otras maneras, pero su manera de etiquetar nuestra realidad cultural y social forma parte de un diccionario fundamental del cambio.
Es ya, entre muchos, escritura y visión de ruptura totalmente naturalizada. Hacia el mes de noviembre estará en Valencia invitado para intervenir en unas reuniones en torno a la prensa. Será una buena ocasión para conocerlo de primera mano.

Imagen extraída de la entrevista en Mecánica del Muro

 

¿Cual es el inicio del concepto CT o Cultura de la Transición?

Hice un libro que se publicó el año 2000. Se llamaba Franquismo-Pop y coincidió con el 25 aniversario de la Feria del Franquismo.

Era un libro en principio como tenía que ser: muy poco programático. Era una antología de autores, con diferentes autores y generaciones hablando del franquismo. Los más viejos eran Montalban, Mendoza y otros entonces más jóvenes como Casabella, Jordi Costa, David Trueba y Toni Àlvaro. Entonces,hice un prólogo cogiendo como referencia los libros oficiales sobre los 25 años de publicaciones culturales, Pablo Fussi, José Carlos Mainer y toda esta gente. Fue un clic. Observé que había una coincidencia con la realidad. Comprobé que empezaba, en mi oficio de periodista, a tener serios problemas con el límite de lo que es posible explicar. Hice un pequeño prólogo y esto es el origen.

¿A partir de allí como desarrollaste este concepto?

De momento lo dejé descansar. De este libro no salió ninguno reseña. Me di cuenta que había tocado un límite pero no sabía vertebrarlo. Coincidió con un momento de crisis profesional y decidí hacer un master. Y este master lo tenía que hacer yo porque no existía este tema y estuve un par de años haciendo un blog-diario sobre cuál es el límite de la cultura española, en que consiste y aquí me encontré con mucha gente. Invitaba a gente al blog a realizar debates como Constantino Bertolo, Ignacio Echevarría,…y dimos con esto, con esta cosa.
En principio, la génesis de todo esto era muy literaria. Era, intentar entender porque no podían haber críticas de literatura española determinadas que no fueran como las que ya había. El final de todo esto es muy diferente. Es o psicología social o historia de las mentalidades. Es encontrar los males culturales españoles que pienso que han sido válidos hasta hace poco, pero que ya no lo son.

Precisamente, quería preguntarte sobre la validez de la CT en la actualidad pero antes me gustaría que habláramos del caso Echevarria. Fue bastante sonado y lo despidieron del periódico precisamente por una reseña concreta.

Sí, lo despidieron. Lo más curioso fue la explicación que dieron:

“La cultura española ha dejado de ser hace años un arma de destrucción masiva”. Esto es lo que te explica la CT.

No es un arma, la cultura. Es una banda sonora del ascensor que viene a dar la razón a un Estado.

Ahora precisamente ha salido un libro de Luisa Arena Delgado que recomiendo y que se llama La nación singular. Fantasías de la normalidad democrática española. En él habla de un fenómeno que está pasando y es que la universidad española no existe; ha muerto. Ha muerto por el Estado.
Es una cosa muy nueva y muy única. De golpe, una universidad que era un hecho original de conflicto cultural en España pues no lo es y se está creando esta universidad también a lo USA, en Francia en cierta medida. Esta chica de la Universidad de Illinois viene a plantear el hecho español como el Estado político que más inversión cultural y violenta ha hecho en los últimos 200 años. Y es cómo para plantearnos, el porqué hay que invertir tanta cultura en un Estado que seguramente no queremos nadie.

Y tú, ¿has tenido problemas en tu vertiente periodística?

Sí, pero todo se cuantifica por la CT. Todo es “este tio es un friki” o “se está mirando el ombligo”. Por ejemplo, saqué un libro sobre el funcionamiento cultural del 11M que vendió 10.000 ejemplares y no está mal, sin ninguna reseña.
Cuando en esta Cultura de la Transición optas por otras vías culturales que, alerta; pueden ser aburridas, tienen que ser sometidas a cualquier crítica cultural también. Pues es una patología o eres un rencoroso o eres un “solterón”,… Pero siempre por algún tipo de patología. Parece que es alguna enfermedad psiquiátrica o un aspecto personal como el heroísmo. ¡Es tan meritorio no volverte rencoroso! Precisamente, hablar de todo esto es muy positivo. Da mucha vidilla. Tengo un amigo, Xavi Calvo, un escritor muy bueno en castellano que un día hablando de la CT dijo: “En España hay un rollo que si quieres entrar en la CT tienes que envejecer 30 años”

En otras entrevistas comentabas que La CT se sostiene sobre tres conceptos fundamentales; unidad, cohesión y estabilidad. ¿Has encontrado en este sentido alguna confirmación últimamente?

Sí, ahora de manera instintiva vamos encontrando papeles que lo demuestran. El informe Huntington de los años sesenta que informa de los cambios necesarios en España y la construcción que tiene que tener y que coincide bastante con la Constitución que tenemos. Explica que para hacer una transición democrática en España tienen que haber unos cuántos cambios y algunos de ellos son culturales. Recuerdo uno ahora mismo que dice que hay una tendencia en España por la que los periodistas se sienten propietarios de su trabajo y esto lo tenemos que evitar. Esto es un cambio cultural y se ha hecho. Básicamente, el punto de partida de todo esto de la CT es que en un momento de inestabilidad y de azar como es la Transición las izquierdas sólo tenían dos capitales. Uno es la calle y la otra era la cultura, con un dominio hegemónico de la cultura y dieron esto al Estado a cambio de participar en la negociación. Entonces, la cultura pasó de ser una herramienta de movilización e incluso de problematización a ser precisamente lo contrario: una herramienta para desproblematizar.

Imagen extraída de la entrevista en Mecánica del Muro

Hemos hablado hasta ahora de los aspectos fundamentales de la CT, sus orígenes y desarrollo histórico pero me gustaría que intentáramos juntos bajar todavía un poco más y que habláramos de cuestiones más concretas. Quizás no tanto de Estado como de ciudad o de barrios. Por ejemplo, has hablado de cultura y calle, en Valencia hubo un movimiento muy fuerte precisamente en los años setenta que se llamó Cultura al carrer.

Pues, no lo conocía.

Quizás aquel estallido murió por dos vertientes. La primera porque los líderes naturales de los barrios que movían todo aquello estaban más por el bienestar y el desarrollo social ligados a la cultura y la otra por la construcción de equipamientos como las Casas de Cultura. Lo que pasó es que introdujeron a aquellos líderes naturales en las Casas de Cultura ya construidas y había que gestionarlo. Aquí entramos en el territorio de la gestión que estaría, a lo largo de los años, filtrando y administrando la CT. Mi pregunta es: ¿Crees que la gente era consciente?

No, la gente no era consciente. Yo creo que efectivamente había una idea de bienestar muy nebulosa. Se pensaba que la sanidad, la enseñanza tenían que formar parte del Estado, y de una manera muy instintiva y gratuita se puso la cultura. Y la cultura distribuida por el Estado es una pesadilla. Se hizo y supongo que con cierta buena intención desarrollando la cultura como derecho. Pero en el fondo es el dominio del Estado por parte de la cultura y es una apuesta absoluta que pocas culturas europeas han hecho. Aquí toda cultura era Estado, hasta hace poco. Y no sólo es el “Estado malvado”, también se tiene que decir que las apuestas culturales de las izquierdas, en aquel momento, fuera del Estado, eran muy aburridas. También murieron de aburrimiento. No eran “sexys”.
He estado estudiando el rollo anarquista en Barcelona en los 70. Murieron por aburrimiento. Era una cultura muy moralista, muy circular, muy previsible. Empezó a hacer los deberes pero no los acabó.

De aquel momento en Barcelona conozco el movimiento de las radios libres…

Sí, y el vídeo libre. Pero precisamente el vídeo libre fue una metáfora porque pidió una subvención y no se la dieron, hacia el 78. Y también todo lo que eran fanzines y revistas que eran cojonudas, pues, tengo la sensación que al final eran muy aburridas. Es una sensación pero no lo he investigado.

También tendríamos que hablar de una revista fetiche, Ajoblanco, pero en cuanto a experiencia personal, aunque muy colateral, recuerdo más la distribución de pelis independientes que se hizo en los años 80. Gente que estaba en Barcelona lo organizaban con una furgoneta.

Sí, es importante Ajoblanco porque es importante la cultura libertaria porque yo creo que en aquel momento era la única que podía “dar la campanada”.

Todo lo que era de los PCs se fusionó con la CT muy rápidamente. De hecho, hay una anécdota divertida. En Barcelona hubo un combate cultural muy bestia entre dos instituciones. Una era la Asamblea de Actores y Directores del Espectáculo y la otra la Asamblea de Trabajadores del Espectáculo. Una marxista, la primera, y una libertaria que era la segunda. La segunda opción izo el primer GREC que es una temporada de teatro. Ocupó salas. Aunque he sabido que algunas se alquilaron y también mola saberlo.

Aquello cambió toda la fisonomía teatral de la ciudad, de la cual vive todavía Barcelona. Finalmente, la asociación libertaria no pudo más y desapareció porque entraron otras dinámicas: el municipio y el Estado. Y aquí viene lo bueno. Los primeros técnicos culturales de los municipios venían todos de la asamblea marxista.

Y, ¿crees que toda esta gente, todos estos técnicos, son los que han hecho el tapón generacional?

Al principio lo veía pero ahora no. Ahora pienso que es un tapón cultural. Da igual la edad que tuvieras mientras compartieras estos puntos de vista. De hecho, esto es una cosa que decía Ignacio Echevarria, aquí cuando se moría un intelectual orgánico había otro clónico que nacía en su lugar.

No hay que tener una gran personalidad ni unos grandes puntos de vista para la cultura de Estado, no tienes que ser muy brillante. Tienes que dominar los puntos y de hecho este es el drama. Tenemos un “staff” cultural de escritores que son esto: okupas.

Escritores que ocupan lugares que no les corresponden. Al menos no por su obra sino por su obediencia. De hecho, la obra de toda esta gente desaparecerá. Cuando muera esta gente desaparecerán porque no hay obra. Bueno, sí, está Marías que sí que quedará. Está Bolaño que también quedará. Ninguno de ellos me atrevería a llamarles CT en ningún momento.

¿Porque crees que una parte tan grande de otras generaciones y profesiones de la cultura, más jóvenes, continúan intentando reproducir los mismos esquemas culturales, en las formas de escribir, de decir, etc.? ¿Porque intentan entrar dentro de este espacio?

No lo sé. Pero es que no sé si existe este espacio ya. De hecho es un sector en crisis. El Estado no invierte en cultura. Todas las profesiones están desapareciendo. Hay un malestar muy grande en el sector de la cultura porque el Estado ya no puede garantizar su modelo. El modelo ha desaparecido.

Pero por ejemplo, en el caso de Valencia, la escena oficial se está manteniendo mirando hacia atrás y con una mirada muy desproblematizadora. Está muy cohesionada todavía, está haciendo un tapón también defensivo porque hay una forma de hacer políticas culturales y pensar la ciudad, todavía muy bestia…

No sé si es tan bestia, ¡eh! Yo lo veo muy caído, muy caído. No lo veo. Francamente, en este momento de impasse es cuando la cultura hace más estorbo que servicio en el Estado. Le quedan cuatro telediarios y la verticalidad que conocíamos ya no existe. Ahora, es una tontería , por ejemplo, una entrega de premios ahora es patética. La entrega de premios de Wert se encontró con los estudiantes ninguneándole. Marías ya ha dicho que no recibirá ningún premio del Estado, que más…

La cultura ahora mismo es como una parodia de lo que fue. Es una parodia absoluta. Pero a la vez parece que la cultura de mercado está reavivándose y también es normal. Esta es la comunidad cultural más grande. Junto a ella nacen pequeñas editoriales, librerías cooperativas especializadas en pensamiento feminista por ejemplo que hacen también comunidades de 10.000 personas y eso mola.

¿Que piensas del impulso de las industrias creativas, de la innovación, el emprendizaje y todo aquello que parece no tiene memoria?

Desproblematizar es una opción y es una opción muy higiénica y muy respetable. El problema grave es cuando tiene cualquier vínculo con el Estado. Es terrible. Si una comunidad de “consumidores” de cultura deciden optar por una cultura desproblematizadora es su derecho también.

El Estado con esta crisis ha dado un paso atrás muy grande y seguramente no volverá a ocupar el mismo puesto, al menos sería deseable.

La cultura es una cosa de la sociedad. Es nuestra. La fabricamos, la compartimos y nos entendemos nosotros. Quiero decir también que no toda la cultura tiene que ser igual. Hay días en que necesito una chorrada desproblematizadora y hay días que no. Lo importante es sacarle la función política al Estado. Esto es importantísimo.

Valencia ha hecho una megaciudad blanca que es CACSA cómo formula CT y tiene su versión municipalista o CB muy beligerante con el Cabanyal. ¿Que piensas de las ciudades-marca?

Todos tenemos nuestra propia versión CB, sobre todo en las ciudades. Lo de la ciudad-marca lo inventó Barcelona. Fue inventada copiándose cosas de la Costa Este y Oeste. Se hizo una cultura vertical que no cuestionaba esto. Era poner Barcelona en el mundo, con el Guggenheim poner Bilbao en el mundo. Con el rollo valenciano pues era poner Valencia en el mundo. Verdaderamente no hubo ningún tipo de respuesta a todo esto. Por ejemplo, en Barcelona  solo salió cuestionándolo Montalbán, en 1992, nadie más. Y suerte que lo hizo Montalbán, si lo hubiera hecho otro lo hubieron tratado de friki. Y seguramente hizo el friki, según ellos, era el amargado que no quería que Barcelona brillara.
Todo esto está vinculado al único negocio español, con un modelo que es la sociedad mixta. Un modelo que Valencia copió muy rápido. Se trata de crear sociedades mixtas privadas-públicas para hacer una marca de ciudad, como una Villa Olímpica. Los gastos de organización los pagamos nosotros como las cloacas y los beneficios son privados. Es una cosa que ha pasado en el mundo de la construcción y de la política. La originalidad catalana en este boom fue la independencia de las cajas. En el País Valenciano, “el país de la fiesta de España”, no eran independientes pero encontrabas el régimen. Allí tenías el “pelotazo inmobiliario, construido por unos que a su vez se daban el crédito y, a su vez, dominaban la institución”. Es el “do de pecho del régimen”.

¿Piensas que estamos frente un cambio cultural?

En el año 2011 hubo un cambio cultural en España descomunal en todas partes. Es un milagro. Hay generaciones que yo tampoco conocía. Está habiendo un cambio cultural que ya no es resistencia sino más bien posibilidades de ruptura.
Y, ¿Cuáles piensas que son los ejes de este cambio cultural? ¿Qué entrevés?

Lo principal es que ha habido una ruptura cultural. De toda la propaganda de Estado hay gente que no le ha tocado, que ha creado otras culturas. El 15M es la expresión de todo esto. El principal eje de todo esto es la palabra democracia. Es que tenemos que estar construyendo otra idea de democracia, total y absoluta. Esa es la batalla del siglo XXI. Si tenemos la democracia que nos viene de la UE o conseguimos construir una democracia cercana.

Y en el ámbito cultural, ¿ cuáles crees que serían las cuatro palabras…?

Lo primero es que detecto que es muy difícil de detectar y esto ya mola. Lo cual implica que hará falta crítica. Hará falta un periodista cultural que te explique lo que hay.

Ahora mismo no hay. Las reseñas continúen siendo muy flojas… Hay gente joven, esto es fundamental y bestia, que ha mantenido la crítica literaria en Internet. Un género que no existía en España. La crítica de arte por lo visto también. Y es una cosa muy bestia, los medios no aportaban estas dos posibilidades. Hará falta gente que informe de lo que está pasando y de los nuevos fenómenos.

Yo detecto cosas muy raras y muy dispersas. Por ejemplo, nuevos moralismos. Detecto también una literatura muy social con sorpresas lúdicas. No lo sabría explicar. De hecho ahora se vende muy poco y se está editando mucho.

Ha aparecido un nuevo fenómeno que es la pequeña editorial y la pequeña librería cooperativa y esto es nuevo. Desde hace tres años es un boom, sobre todo se trata de ensayo. Espero que no acabe tan aburrido cómo en los años  70 y no acaben todos en un Marcuse…No sé.
También detecto que hay fosas de CT como Cataluña. Todo el proceso del 9N pues está repercutiendo en la última oportunidad de una institución estatal haciendo cultura vertical y lo está haciendo bastante bien. Si no se sale de madre será el ultimo proceso vertical. Pero, el debate es si se saldrá de madre o no.

Imagen extraída de Mecánica del Muro

 

 

No hay un debate público en condiciones

Entrevista realizada por Jose Luis Pérez Pont en MAKMA.

Eva Caro se sitúa en el territorio de la gestión cultural crítica, voluntariamente indefinido justo por la necesidad de totalizar experiencias e hibridar relaciones. Ya no es tiempo de líneas rectas, pues la realidad nos impone constantemente caminos curvos que en algunas ocasiones se convierten en espirales de las que no siempre es fácil escapar. Tras una larga época de epopeyas y grandilocuencia social y cultural, se mantiene en los despachos cierta resistencia a los cambios que han comenzado y que afortunadamente la ciudadanía demanda. Como parte de esa necesidad compartida, queriendo contribuir al contribuir al debate público, comienza con esta entrevista una serie titulada “Líneas inesperadas” con el propósito de introducirnos de lleno en la realidad social y cultural del momento. Eva Caro desarrollará para MAKMA, viernes tras viernes, encuentros y conversaciones con agentes significativos de este nuevo mapa de cambio en ciernes.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

¿De qué forma pretendes abordar este panorama a través de “Líneas inesperadas”?

Es un reto. Justo en el momento en que las cosas más fluyen hay que dejarse llevar y sacar referencias o aquello que defenderías, aquello que te está interrogando y que considero debería formar parte de ese magma del cambio que va a haber. Algunas serán acertadas, otras no… pero me interesa mucho más ese recorrido y dejar esas huellas dinámicas durante cierto tiempo.  En ciertos niveles institucionales veo que hay inmovilismo o cierto grado de reformismo estudiado. Me interesa, precisamente en estas circunstancias, ponerme ese reto y veamos qué es lo que pasa.

La idea principal es conversar con diversa gente; pensadores, periodistas, frikis de la informática, personas involucradas en plataformas sociales y por supuesto artistas. Gente que está habitando lugares en los que a diferentes niveles hay cuestiones que considero deben abordarse. Y por otro lado, trenzarlos con conceptos y prácticas que están sucediendo fuera de nuestras fronteras de ciudad o comunidad. Aquí sabemos que habíamos vivido en un entorno de burbuja inmobiliaria, pero convivimos día a día con una burbuja cultural todavía más potente. Muchos nos preguntamos durante tiempo porqué razón la emergencia de nuevos conceptos, propuestas y prácticas culturales no reciben ningún tipo de interés y seguimiento por parte de la prensa cultural. Ni las líneas editoriales ni la precariedad lo explican.

 

¿Por dónde crees que va a llegar ese cambio?

De muchas partes. La línea que resulta clara y muy trazada es, sin duda, el 15M. Nos ha afectado a todos directa o indirectamente tanto si estuvimos involucrados como si no. La agenda de la  realidad y el hilo previsible de sucesos quedó roto y ya nada puede ser lo mismo. Para muchos fue la primera experiencia de lo político que habían tenido en sus vidas, para otros no. Hubo gente a la que la pilló pensando el cambio otros a quienes les sorprendió. Hay muchas posibilidades cruzadas, tantas como personas. ¿Hacia dónde? Temas como democracia, transparencia y una forma participativa de construir lo cultural son importantes.

 

¿Para este proyecto de entrevistas, “Líneas inesperadas”, has establecido algún tipo de pauta? ¿Cómo lo has planeado?

En un principio llevaba tiempo queriendo hacer algo pero debía medir las fuerzas y mi propia energía. Luego, soy muy autocrítica. Es fruto de un trabajo de revisión personal e investigación que se inició hace unos seis años. Me ha parecido oportuno concretarlo ahora en esta forma lo cual no quiere decir que sea el único modo. Además, recuperando  los dos aspectos de mi contestación anterior, una de las pautas decididas es una “exposición intensa”.

He intentado preocuparme de generar contactos y trayectorias. Para mí, hay gente importante dentro de la red de posibilidades. No las de la última moda sino que cuando interrogo a alguien le he estado siguiendo y esa persona para mi resuelve dos, tres, cuatro o cinco cuestiones que al entrelazarlas con otras entrevistas pueden ofrecer un relieve de conjunto “ensanchado y con espesura”.  Estos dos adjetivos ¡me encantan!

Por otro lado, hay gente aquí que está haciendo cosas que considero muy importantes. Ellos mismos están trenzados con interlocutores muy potentes a nivel nacional e internacional pero esta ciudad ha sido un desierto cultural en muchos sentidos. Eso es algo que la prensa y las instituciones tienen que hacerse mirar rapidito. Si este proyecto ayuda a que éstas reaccionen de otro modo lo consideraría un éxito.

Un detalle importante, la crítica especializada es óptima pero voy a mirar en otros muchos niveles. No acepto la sectorialización del mundo cultural. Me parecería un error quedarme en el supermercado de la cultura que me lo divide por secciones y estantes en música, películas, novela, poesía, etc. Preferiré quedarme con la bomba de placer e interrogación que hay independientemente de la disciplina. Lo que sí hago es organizarlo por dossiers que abordarán cada cuatro semanas más o menos un concepto desde diferentes lugares. Una persona no resuelve un problema. Para abordarlo mínimamente tienes que tejer con cuatro nudos mínimo. De momento, tengo pensados tres meses iniciales. Aprovecho, desde la oportunidad que me brinda esta entrevista, para invitar a otros agentes culturales que pueden resultarme invisibles a ponerse en contacto y desarrollar una conversación futura.

 

No sé si quieres que anticipemos algo en cuanto a los entrevistados…

Lo que sí quiero decir es que tengo una tendencia a mirar e interrogar procesos fuera de su presentación o inauguración. He vivido demasiado esos momentos y no me interesan.  Para eso ya están los cronistas en la prensa generalista y los opinadores en la prensa especializada. Entrevisto, por ejemplo, a un director de cine documental en el proceso de montaje, a un artista antes de la exposición o mucho tiempo después, a un músico fuera de escena,…

Por otro lado, salvo raras excepciones que considero justificadas, es gente que desarrolla su trabajo en nuestra ciudad o ha sido invitada a colaborar en ella a través de otros agentes culturales.

Quería añadir que normalmente en la historia las mejores ideas y aportaciones, no vienen de universos cerrados en sí mismos, sino de gente que trabaja en otro lugar, con otra perspectiva.

La especialización penetra más rápidamente en capas más profundas de lo real pero, en muchas ocasiones, son esclavos de esa profundidad, de esa verticalidad inversa. Al contrario, me he dado cuenta de que converso con gente que proviene de otros lugares: un periodista que está mirando la historia política, una filósofa que se ha acercado a los movimientos sociales, un abogado que acercándose a las prácticas culturales más contemporáneas revisa las formas de derecho y dominio público. Son siempre traslaciones. Son migrantes conceptuales. No hay nadie que pertenezca a un único lugar.

 

Durante este tiempo, ¿Qué opinión tienes del modelo cultural que hemos conocido?

Si nos centramos en Valencia, que es mi intención y donde vivo, es un modelo mecánico, con muy poco diálogo, sostenido por todo tipo de institución. Y cuando digo institución no solo hablo de museos, centros de arte, etc. sino de universidad, salud, formas de gobierno, etc. Ha sido muy compacto.

Teníamos un patrón de acceso y reproducción de la realidad que marcaba el único camino a seguir. Muchos querían llegar para ocupar el espacio simbólico que se estaba construyendo, participar y distinguirse. Hablando desde mi experiencia; diría en torno a 2008, ese modelo presentaba disfunciones graves pero ya hace más de un año que veo una máquina agonizante. Ésta era excesivamente previsible y muy anticuada, en las formas de hacer, de pensar, en los propios modelos de las instituciones y sus procesos. Había mucho lifting cultural que con las mejores intenciones carecía de energía y se reconstruía sin tener en cuenta la renovación intelectual de artistas, críticos y tantos otros agentes culturales de esta ciudad.

 

La Comunitat Valenciana ha ejemplificado el modelo del exceso, y los dos partidos que se han sucedido en el gobierno han establecido bases compatibles de espectacularización de la cultura, dedicando gran atención a los contenedores.

Claro, el papel de la cultura es el mismo. No importa mucho que sea un partido u otro ya que estarán de acuerdo. Hay ciertas políticas sociales que tienen muy claras y en las que desarrollan una aproximación genérica muy gruesa. Yo diría: ¿Qué síntoma tan enorme es que no hayan más espacios ni proyectos en estas políticas públicas que promuevan realmente la independencia y desarrollo de los creadores a todos los niveles? Los diferentes poderes ejecutivos, en los últimos treinta años, no han dejado oxígeno e independencia a la creación ni a la interrogación. Y en esto no existe diferencia. De los jóvenes urbanitas a la cultura popular, del amateurismo a la profesionalización, las relaciones han sido de apropiación y dependencia. No hay ningún rastreo de políticas públicas que problematicen esos lugares. No hay un ecosistema.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

¿Qué forma crees que debería tener una nueva estructura, que permitiera una mayor participación y un comportamiento más horizontal?

Primero, yo creo que no puede salir de una única cabeza pensante. Hay que hacer un ejercicio de generosidad por parte de los diferentes actores públicos que hay en el escenario de esas tensiones y ponerlas encima de la mesa para abordarlas en todos los niveles. De nada sirve mirar a una institución solo por la cara amable que muestra a la ciudadanía en estos momentos, sin ver sus otros dos hermanos mellizos: las cuestiones legislativas y administrativas o económicas. Hay que abordar todo eso de una forma global. No se puede pensar un modelo sin tocar el aspecto económico. Si se hace participativo o cogestionado en cuanto a contenidos debería ser también a cierta independencia en las cuestiones económicas.

Hemos oído hablar durante años de los presupuestos participativos pero lo más importante de aquello era el proceso de toma de decisiones públicas. Esos procesos deberían ser dinámicos, conflictivos, plurales y sometidos a continuo desarrollo. Pero esas decisiones son de imaginario y contenidos a la vez que de desarrollos legales, procedimentales y económicos. Esa es la mayor tarea de cualquier estructura. Y, claro, dirán que este planteamiento es idealista o utópico pero ante la situación que tenemos es la tarea más honesta y estimulante que vamos a tener que afrontar.

No son solo los contenidos sino las condiciones de producción, diálogo y debate que generen. Si no, llegaremos a fórmulas de cogestión para sostener el escaparate abierto. Los creativos precarios los llenarán con ilusión pero la cuestión de fondo habrá quedado sin resolver como una herida cerrada en falso.

 

A raíz de lo que dices, hay muchas infraestructuras públicas que prácticamente están cerradas o sin programación, y no se ofrece la oportunidad de que agentes culturales activos puedan participar dotando de contenidos. ¿Crees que es viable esa fórmula?

Yo no creo que sea ni siquiera una fórmula, en todo caso una fórmula defensiva. Hay que abrir el tapón que impide la emergencia natural de un imaginario colectivo diferente, en ello incluyo música, cine, etc. No me quedo estrictamente en el arte contemporáneo. Si lo observamos, tenemos una ciudad que prohíbe, por ejemplo, ir en patines. ¿Como creemos posible que la misma ciudad coercitiva nos “deje” un espacio público para que lo llenemos con contenidos que luego le serán contrarios? Entrar en cogestión lo es a todos los niveles.

 

¿Qué quieres decir?

Que hay un reparto del presupuesto. Hay una legislación a actualizar en diálogo. Eso implica empezar a reconocer a sujetos sociales diferentes, como por ejemplo, colectivos. La legislación española, desde 1978 y en la actualidad, no reconoce otras formas organizativas que no sean la asociación, las empresas y los autónomos. Esto es muy importante porque la realidad es que la mayoría de manifestaciones artísticas y culturales funcionan por colectivos o plataformas. Hay una lentitud legislativa natural; pues la legislación siempre actúa por detrás de los desarrollos sociales, pero esto no explica totalmente el inmovilismo generalizado. Ha sido más bien un método defensivo, cómodo y conservador que materializa una continuada resistencia al cambio. Esto es urgente porque es necesario. Significa hacer el ejercicio íntegro de incluir sujetos de interlocución múltiples si se quiere iniciar una buena conversación.

En ese sentido, por ejemplo, están surgiendo nuevos enfoques de análisis que me parecen muy interesantes. El cambio de enfoque sería no tanto mirar la institucionalidad en sí misma como comprobar el grado de “extitucionalidad” que produce.

 

¿Que opinión tienes de las iniciativas colectivas en el ámbito valenciano?

Pues tengo una opinión a diferentes niveles. Conozco bastante de los colectivos artísticos, no de todos por supuesto ya que es imposible que conozca todos. Hay investigadores que junto a otros colaboradores han realizado un trabajo formidable de mapeado de los últimos treinta años. Los análisis nodales que han desarrollado son muy interesantes ya que explican muchas dinámicas. Una de ellas, quizás la más fuerte, es la efervescencia, temporalidad y mutación concatenada que permite la inclusión de gente más joven con otros perfiles. La otra tendencia fuerte es la decisión voluntaria de algunos grupos de permanecer invisibles, que es absolutamente respetable. Estos espacios, en concreto, creo que son repositorios de creatividad y son importantísimos.

Por otro lado, en el mundo de la música, por ejemplo, y del teatro, estoy viendo que se están uniendo porque se han dado cuenta de que solos no pueden caminar. Es inviable la individualidad. Veo una gran concentración del mundo de la música y de las artes escénicas y el audiovisual, cosa que no veo en arte. Y me preocupa.

 

¿A qué crees que se debe?

Hay muchas razones. Las prácticas artísticas no están obligadas a colaborar intensamente con los demás, por ejemplo, un músico si quiere hacer música y subirse a un escenario, necesita trabajar con otros músicos; arreglista, voz, técnico de sonido,..Es decir, desarrollar en equipo. Cuenta también el grado de exposición. La escena es una producción intensiva. Es decir, cuantos  más “bolos” mejor. El artista trabaja en múltiples propuestas, cada vez más, pero su grado de exposición es muchísimo menor. El roce continuado en equipo y en “bolos” hace que sean procesos de mejora continua. No son planteamientos teóricos, que los tienen sin duda, sino una mejora e investigación en la práctica. Creo que aprenden más rápido y eso es la base.

Los artistas contemporáneos y algunos críticos, desde 2008, se han ido uniendo con el esfuerzo de muchísima gente. Pero no veo ningún lugar, como sucede con la música, en el que digan: “vamos a generar un laboratorio común”. Frente a los músicos tienen más grado de dependencia y menos confianza. Su dependencia les hace estar en un registro oculto de competitividad.

 

¿Cómo ves el panorama de la comunicación y la vicisitud del soporte papel? ¿Qué ha supuesto la transformación tecnológica del sistema de diario y periodismo con la llegada de nuevos dispositivos y soportes, pero también de nuevos usos y hábitos?

Hace diez o quince años los periódicos reaccionaron muy mal, no lo quisieron tener en cuenta. Hace cinco años la introducción de las redes sociales lo ha ido cambiado todo. Esas cápsulas de información estáticas que aparecían en la blogosfera han desarrollado un gran dinamismo por medio de redes sociales porque las compartimos, las comentamos, volvemos a ellas. Esto es así. Tienen muchísima más repercusión.

Por otro lado, las grandes cabeceras en prensa nacional han sido reestructuradas a golpe de ERE. No sé si adecuadamente. El periodista había ido perdiendo su función con los años orientándose cada vez más al cronista. Hay muy poco periodismo de investigación, de hecho se ha hecho en blogs de gente que ha sostenido la crítica literaria y artística, gente que ha sido ensombrecida y enmudecida. La prensa comercial ha tenido oportunidad de generar nuevas redes pero no lo ha hecho. Ahora hay una enorme competición. Periodistas de cabeceras oficiales que han sido apartados se han tenido que montar su propio medio. A mí me parece que son más interesantes aquellos medios que hace unos dos años surgen como una comunidad de bienes o cooperativas, con el deseo expreso de volver a hacer periodismo.  Últimamente, el periodismo digital de click surge como un nuevo modelo de negocio. Se nota mucho en los titulares. Viven del morbo y la sensación, pero el cuerpo informativo es luego contradictorio, generando confusión informativa. Hay ya muchos malos ejemplos. Los que viajamos mucho por Internet lo vemos.

Luego, creo que hay iniciativas que pasaron mucho tiempo como carteleras de ocio y cultura y han hecho un papel muy bueno. Gente como Verlanga, JotDown o Yorokobu, están haciendo cosas interesantes. Hay una renovación también en el formato papel de amantes del cómic y dibujo. Es un fenómeno muy interesante que hace que la realidad se pliegue sobre sí misma. Justamente, ¡en medio de la crisis del papel nacen las mejores publicaciones en papel!

 

Seguramente la gran revolución que se está produciendo es la de un cambio de conciencia personal. La gente ha llegado a un punto en el que la realidad le supera de tal manera que no soporta por más tiempo esa farsa, por lo que tomando conciencia aplica cambios reales a su vida. Los cambios comienzan por uno mismo.

Claro, de hecho hace dos años los españoles echaban la culpa a los políticos. En España somos unos grandes gestores de la culpa. Somos especialistas. Endosando la culpa al primer bicho que camine soslayamos la resolución del conflicto y del debate. Nos instalamos en la indignación y soslayamos la parte de la solución que nos compete. Hay una diferencia fundamental entre las culturas de inspiración católica y aquellas protestantes en este sentido. Pero si queremos resolver esta crisis no sirve apuntar con el dedo al culpable sino ponerse “en el rincón de pensar” y hacer un ejercicio de introspección personal y de modificación de conducta individual. Pienso que cada uno a su nivel y en la medida de sus posibilidades ya lo está realizando. Es un proceso de reeducación cultural que pasa también por reconocer que deseas recuperar el polvo mágico de tu propia vida. Perdona que utilice esa metáfora que para mí es ante todo de las pequeñas cosas y sexy. Cuando tienes claro que de otro modo no vas bien ya estás cambiando algo. Es una decisión difícil porque hay mucha gente que no es capaz de levantar sus pilares vitales. Hay que ir poco a poco. No somos un país en el que haya un debate público en condiciones. El diálogo no existe. Estos años de cambio y crisis para mucha gente están impulsando una recalibración del tablero de juego y nos pone en duda, en primer lugar, a nosotros mismos.

Yo misma puedo entrar en el ojo del huracán y no sé como acabaré aterrizando, pero al menos me siento involucrada y por eso actúo. Esto atañe a críticos y artistas. El campo de juego cambia y ninguna posición o etiquetado anterior servirá sino es transformada. Lo más positivo y esperanzador es saber que pase lo que pase habrán soluciones y posiciones múltiples. Ese sujeto anónimo e incontrolable que es la sociedad sí tiene algo claro: su supervivencia.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

 

Bajando al teatro-mundo

Dije que continuaría, de hecho me planteo esforzarme en hacer un seguimiento diario a esos 15 días que teóricamente se ha dado al Consell para tomar una decisión. Cada día hay nuevos artículos, cada vez más libres, descarados y sin tapujos como el de Rosa Olivares hoy. No voy a entrar en ellos pues ellos ya lo hacen muy bien.

El último dato es que van a nombrar un director provisional mientras preparan las bases, los criterios, el concurso, etc. Contando con el calendario electoral me parece que se alargará mucho más.

Me interesa más ver lo que pasa en otros niveles. Que el mundo de la cultura contemporánea es plural es algo desconocido por el simple hecho que lo que hasta ahora se ha visto es un formato de arte solidificado y compacto. Nada más alejado de la realidad.

Hay amplios debates e interrogaciones que están recorriendo el mundillo. Ya se sabe… se marcan puestos de cara a una diferenciación del grupo. Lo curioso es que de momento aquí estamos de fiesta, de celebración. Algo similar sucede en el Cabanyal. Las conversaciones giraron entorno a múltiples cuestiones pero una era fundamental:

¿Y ahora que?

Teatro de Marionetas La Estrella- Cabanyal

En el caso del Cabanyal parece que más allá del empecinamiento político del ayuntamiento la crisis ha terminado de rematar el proyecto de prolongación. Mientras tanto, el barrio es un decantador social extremo en donde un grupo importante de personas ligadas al movimiento okupa están poniendo en “solfa” a la Plataforma. Lo mismo podremos ver en los movimientos en torno al IVAM. La crítica es de matiz cada vez más extremo. Los okupas piensan que la Plataforma no está más que ocupada en defender sus propiedades privadas mientras les reclaman una mayor acción social. A la vez, consideran que la Plataforma es un agente gentrificador del barrio. La misma línea discursiva podríamos encontrar en numerosos matices, tanteos y concepciones en torno al IVAM.

Al final, todos y todas podemos estar cargados de razones pero no se esgrimen éstas para conseguir espacio de representación social sino para ocuparse realmente del tema. No se utiliza ni un barrio ni una institución como espacio cautivo para nuestros propios intereses pues (por mucho que utilicemos palabros que no entendemos como gentrificación) cuando se habla de calle, de barrio, de vecindad se habla de convivencia. Y la convivencia, el vivir en común, es un arte de todos los días, del poco a poco. Nada tiene que ver esto con la premura explícita de una exigencia en un proceso revolucionario más propio del siglo XIX. Al contrario, es el momento de ralentizar, saludar, encontrarse, contrastar, compartir ideas e iniciar una convivencia y desarrollo común que quedaron rotas en ambos espacios, el Cabanyal y el IVAM, hace 18 años.

Recomiendo para ampliación del tema el programa de Radio Klara En Construcción del pasado lunes. El debate se inicia a partir del minuto 35 del programa.

Ciudades Observadas

Empecé esta serie de ciudades con un post sobre Ciudades Creativas hace ya algunas semanas. En aquel momento, mantuve una pequeña conversación con alguien en una red social que me preguntaba si estaba de acuerdo o no. Mi contestación es que no puedo precisamente yo estar en contra de la creatividad. Ahora amplio esta contestación.

No puedo estar en contra de la creatividad, una idea muy in, portadora y positiva, planteada como tal: naturalizada. Claro, la creatividad como tal es una idea abstracta, desgajada del contexto que la ve surgir. La creatividad en este sentido podría ser entendida en paralelo a otro concepto: la experimentación.

Ya hace algunos años que la Comisión Europea se apunta  a esta corriente. El profesor Pau Rausell lo explica muy requetebien en este reciente artículo que recomiendo.

Ahora bien, para completar el marco necesito urgentemente incluir piezas que aparentemente no están. Una de ellas es la I+D+i o simplemente innovación. Años atrás ésta era la fórmula salvífica pero ahora que las circunstancias y el contexto económico actual no dan para hacer inversiones industriales los estados miembros giran su mirada a diversas formas de innovación creativa y social.

Es interesante constatar que a partir del 15M las formas de innovación se han ido acelerando. Sería no hacer honor a la verdad obviar este hecho totalmente constatable. Tanto más cuando en esto parece que los movimientos sociales y la comisión europea; partiendo desde posiciones diferentes, llegan a la misma conclusión: las ciudades.

El 15M se hundió en los barrios. La Comisión Europea apuesta; ante los diversos conflictos que surgen debidos al estado-nación, por las ciudades como lugar de influencia de sus acciones y proyectos. La academia también está investigando los lugares, las personas y contextos que pudieran ser generadoras de “valor”.

Ahora bien, existe un posicionamiento epistemológico totalmente diferente. Una concepción busca la horizontalidad, la equidad y la generación de “valor de uso” mientras que la otra concepción parte de un posicionamiento vertical en la que los sujetos de investigación, cual homúnculos paracelsianos, son observados como agentes generadores de “valor económico” o valor de cambio. Quizás ésta es una de las brechas que más profundamente se arraigan en mi crítica. De ella, todas las demás se decantan.

Y nos olvidamos que cuando investigamos somos sujetos. Somos lo que observamos. Estamos incluídos. De esa manera, cuando extraemos valor nos lo estamos extrayendo a nosotros mismos…Sin haber pensado en fórmulas de autogestión y sostén comunitario.

Esta obra en proceso de Carolina Kabogui observa-participa, extrae-debatiendo, crea-construyendo, y muchas cosas más. Gracias, Carolina, por hacernos partícipes-construyendo.

Ciudad Zombi

Night_off_the_Living_Dead Los zombies nos invaden desde hace algunos años en el comic, el cine,la televisión, etc. Estas prácticas culturales derivan de una estética gótica y anticonsumista. Su confirmación como práctica social crítica ha quedado pronto sepultada por una temprana cooptación realizada por la esfera mercantil a través, principalmente, del cine y las series de televisión.

No es un estudio amplio pero la historia de la “marchas zombies en ciudades” aunque es corta data de 2001. Exactamente la primera “Zombie Parade” fue convocada en la ciudad de Sacramento, California, el 19 de agosto de 2001. La infección zombie recorrió todo  Estados Unidos, expandiéndose por Inglaterra, Portugal, España, Brasil, América Latina, Noruega, Arabia Saudita, Japón y Sydney. Algunos ejemplos de ciudades son: MadridMéjico DF (su página de seguidores en facebook tiene  más de 150.000 personas), Caracas ha realizado una marcha como sátira social. Valencia tiene también la suya.

Son fenómenos de masas conectadas. Las derivas mentales más individualistas han hecho que ciertas personas, como en la  Guerra Fríalleguen a construirse refugios anti zombies en un acercamiento paranoico que normalmente separa la línea de la ficción de lo real. Líneas que parece nunca puedan tocarse aparecen unidas por el miedo. Muchos son los sociólogos que investigan nuestras sociedades siguiendo dos emociones : la angustia y el deseo. La versión zombi de la sociedad surge como encarnación del miedo, por sustracción del deseo. 

Así, cuando aplicamos las características de un zombie a nuestras estructuras institucionales y jerárquicas nos podemos llegar a sorprender de cuán grande es la proporción zombificada de la ciudad.

Un zombi es un ser no vivo. Está alejado y excluido de la vida, de sus ritmos, sus emociones, etc. Así, reproduce mecánicamente los signos primarios de un ser vivo, siendo un puro simulacro de vida. Anda, camina, se arrastra. Sus movimientos son torpes, entrecortados, faltos de fluidez. Ponen un pie delante del otro pero la mirada está perdida, falta de voluntad.

Un zombi es un cuerpo en movimiento. Su símil con la institución zombi es tan paralelo que aterra. Efectivamente, un museo “es por exclusión un alejamiento de la vida“. Será por aquello de la distancia crítica intelectual. No conoce de ritmos vitales ni de emociones pero continúa la producción del simulacro cultural. Aborda cada exposición con un ritmo establecido para su producción, por una guía de procesos pautados, como la reproducción infinita de lo mismo. Sin voluntad, sin emoción, sin interrogación ni investigación.

Sin rozarse con la vida sino comiéndosela. Ésta constituye la característica zombi principal: su supervivenciaEfectivamente, el museo zombie no dudará en comerse o cooptar cualquier iniciativa viva; destruyéndola o infectándola (única forma de reproducción). Con el paso de los años esa agresiva ingesta  e infección destrozarán el ecosistema de la vida cultural a su alrededor. Destrozará la diversidad, la pluralidad y toda cadena de valor cultural. No será un espacio en relación.

Relación que se genera gracias a la comunicación. Y esta es la tercera gran característica zombi con la que se puede distinguir entre la institución zombie y la que todavía no lo es (si quedan): el diálogoLos zombies gruñen al máximo, efectúan un nivel de comunicación muy primario. Las instituciones zombies emiten palabras que no esperan respuesta, emiten frases que quedan flotando entre sus paredes. No esperan respuesta. Solo dicen.

La cuarta característica de la zombificación es la cantidad. La reproducción por infección es básica para su supervivencia. Las instituciones zombies son nodos de muchos visitantes o caminantes. De ahí la confusión de la cantidad con el prestigio que muchas de ellas promulgan. Otras, las políticas, defenderán las mayorías como sello de supervivencia.

Aunque me haya centrado en los museos es interesante comprobar si la detección de estas características nos harían descubrir la zombificación de otros niveles oficiales. En resumen las características zombies son:

Movimiento mecánico, supervivencia por ingesta, reproducción por infección y no diálogo.

Los autores de la web serie Cabanyal-Z  ya lo han hecho, mezclando los procesos de gentrificación y resistencia, dando resultados más que interesantes para generar una matriz de valor y crítica diferente. Enhorabuena.

Lo imposible es normalizado

En una entrada anterior decía que:

Es en la lectura de las fuerzas que emanan de un espacio decisional a otro y al revés donde suelen aparecer reveladoras contradicciones.

Tenía pendiente adentrarme en ello cuando me ha llegado vía Michel Bauwens, el vídeo que adjunto de Slavoj Žižek.

El filósofo habla, en medio de un remolino de tics característicos, de lo interesantes  que son los mecanismos de cambio. Estos últimos, “consiguen que aquello considerado anteriormente como imposible pase a ser normalizado”. Según el pensador esto sucede porque se produce un cambio de standard. (9:37 a 11:04 min)

Cuando Žižek habla de standard no puedo evitar pensar en la infinidad de standards musicales que nos rodean. Son esquemas básicos necesarios para entender una pieza. En sentido amplio, son normas o requerimientos establecidos sobre sistemas técnicos. Para el objeto de este blog, serían los procesos y técnicas necesarias para que un producto cultural sea entendido como tal.

El nivel en el que intentaba plantearlo provenía de la experiencia y de como observaba que mientras iba gestionando un proyecto las cosas a mi alrededor iban cambiando, iban flexibilizándose y mutaban. Esos cambios afectaban a los actores e interlocutores, a las condiciones de producción de un proyecto expositivo, a la publicidad y difusión, etc.

Cierto es que el mismo proceso de la vida es puro movimiento y cambio. Pero de lo que hablo es de un mecanismo mayor que no justificaría el de la mera adaptación. Me sirve, la idea de Žižek del cambio de standard aplicado a las instituciones culturales si además ellas mismas están en un continuo proceso de “ideación-mutante”. Es decir, cuando en tanto “institución” es originariamente espacio social público y en tanto que “mutante” se auto-proyecta como marca comercial de un espacio simbólico artificial. No hemos vivido cambios explícitos y evidenciados sino un largo y profundo proceso de mutación institucional efectuado mediante el cambio de standares.

Esta mutación ha estado centrada en una cultura objetual con todo lo que ello implica: seguros de obra, catálogos, conservación preventiva, condiciones de las salas, etc. Cuando la institución ha considerado a los sujetos los ha objetualizado, mediante técnicas de marketing, transformándolos de público a visitantes y de éstos a clientes.

Igual que en otros niveles de lo social, en el corazón del sistema institucional, podemos comprobar que no ha habido el mismo desarrollo con respecto a los sujetos: ni respecto a los artistas ni respecto a los ciudadanos. Hay un serio deficit pero también un nuevo campo de desarrollo y experimentación social en torno a nuevos cambios a través de la implementación de standares centrados en el sujeto.