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Un IVAM propositivo

Logotipo oficial, IVAM 2015

Cartel oficial, IVAM 2015


El jueves pasado más que un Tránsito el IVAM fue objeto de una ocupación. Había felicidad. Había caras que hacía muchos años no visitaban ese espacio. Aquella inauguración fue una puesta en común. Múltiples sectores creativos del panorama valenciano estuvieron presentes. No pude evitar sentir la alegría común del final de una etapa angustiosa y angustiante y el inicio de un mundo posible.

En este sentido, ayer domingo saltaba a la prensa, de una vez por todas, la investigación que Intervención de la GVA ha estado realizando durante varios meses en el IVAM. Los datos son conocidos de la comunidad artística: Gao-Ping, Gerardo Rueda, exposiciones en el fin del mundo con dinero público, nepotismo, etc.

Quizás la comunidad artística ha llegado de una forma natural con el correr de los años a una reflexión profunda, a un punto de no retorno. Esa reflexión habla de un necesario cambio que rompa con las lógicas de cercanía al poder, con la sumisión para acceder a toda costa a hacer una exposición o con el pesebrismo vacuo de intelectuales. Pues, en el fondo, esos actos puntuales estaban minando la posible constitución de un espacio simbólico común. Es desde esta reflexión ética que la comunidad artística ha trabajado armónicamente durante estos años y llegado el momento ha mostrado un convencimiento renovado y en bloque por la defensa del IVAM. No han habido fisuras, ninguna.

Muchos han sido los esfuerzos empleados de manera individual o colectiva durante los últimos meses. Éstos provienen principalmente de la sociedad civil más comprometida con las prácticas culturales contemporáneas. Artistas, críticos y gestores bajo el paraguas de asociaciones profesionales, plataformas culturales o individualmente han ejercido una presión continuada que cristalizó hace muchos meses. La tensión se mantuvo de múltiples maneras para conseguir que el IVAM iniciara su nueva andadura “limpio de polvo y paja”. Las visitas informativas, o más bien pedagógicas, a los grupos políticos actualmente en  la oposición en las Cortes, los encuentros con la Consellería de Cultura, las “quedadas” festivo-reivindicativas en la explanada del IVAM, han constituido junto a foros sobre cultura, artículos, conversaciones telefónicas y charlas informales el germen de una nueva manera de pensar ese y otros espacios culturales.

Miquel Navarro desgajado de estos pensamientos desde hace años reprodujo una lógica aberrante y ridícula, pensando el espacio público como espacio propietario. Pues sin duda el IVAM no es El Corte Inglés, ni Miquel Navarro es Adolfo Domínguez, aunque quizás sí.

Miquel Navarro en el IVAM. Foto: José Cuéllar

Miquel Navarro en el IVAM. Foto: José Cuéllar

Esta consideración del IVAM lo instala rápidamente en las lógicas empresariales y marketinianas más peligrosas. Miquel Navarro se convierte en una marca registrada, en una tendencia. Mientras reproduzcamos esas lógicas estaremos irremediablemente reproduciendo un sistema obsoleto cuya función primera es la de taponar a conciencia el espacio simbólico emergente. En suma, ni toda la obra de un artista es relevante, ni un artista puede estar por encima de una comunidad artística o incluso de la emergencia y constitución de un ecosistema cultural.

Las transformaciones sociales y mutaciones culturales que observamos en estos tiempos son de hondo calado. Cuando me ocupo del IVAM me estoy ocupando de pensar modelos de gestión institucional y comunitaria diferente en otros sectores. Por eso, ya no se trata de un “quítame tú para que me ponga yo”. Ya no se trata de un catálogo de artistas y contenidos diferentes. Se trata de algo más.

Estos cambios vienen guiados por una palabra: participación.

Ahora bien, qué entendamos por participación nos situará en un espacio más o menos cercano a los cambios sociales que están desbordando la realidad en otros múltiples lugares. El mundo de la cultura no es ajeno en absoluto a estos cambios. Es su reflejo. Diría más, los está precediendo como el caso que nos ocupa.

Como es sabido la participación debe ir acompañada de información accesible en diferente grado pues no todas estamos preparadas en todo momento a ingresar en los diferentes niveles de complejidad de un sistema organizativo. Habrá ocasiones en las que deseemos simplemente recibir un trato distinto y otras en las que la misma persona desee adentrarse en capas más profundas de problematización. Lo mismo sucede con necesaria renovación en la implementación de procesos guiados por la apertura y responsabilidad en los sistemas de producción. 

Hace unos meses escribía un pequeño artículo, No pienses que es un museo. En él recordaba las funciones primeras de ese Instituto. El IVAM no es solo una colección sino también el lugar desde el que promocionar las nuevas prácticas culturales y sociales.

En este sentido, hay diferentes formas de conceptualizar un museo. Hace unos diez años hablaba con una investigadora independiente en Francia que me contaba su fascinación por los museos-olvidados. Esos museos son los que no habían pasado por la mano del marketing. Aquellos espacios en que podía verse las lógicas narrativas y el mobiliario de principios del siglo pasado o incluso de los años 70 preparados para el turismo europeo. Confieso aquí que a partir de entonces siento la misma fascinación. El IVAM había conseguido mantenerse en un nuevo espacio transformado por dos ejes fundamentales: el desconocimiento y el marketing comercial.

Ese lugar vivía inerte y cerrado preocupado por la suplantación de la realidad, construyendo un espacio de inaccesibilidad insoportable. Espectacularizaba burdamente un espacio, pervertía al arte y los artistas y con ello al público. A este último lo fue convirtiendo de visitante a cliente y por ese movimiento rocambolesco debía falsear el número de visitas. Pero lo más lamentable es que no hubo ningún eje de optimización mínima de esos recursos públicos. La perversión fue constituyéndose a la vez que fue dejando huella en las acciones económicas como hechos fundamentales e incuestionables.

A partir de ahora, el equipo tiene ante sí el mayor de los retos. Un reto que nos incluye pues debemos todas reconfigurar y habitar ese reseteado general empezando por nosotras mismas.

Un IVAM propositivo nos incluye, por tanto, como fuerza instituyente que permite la emergencia de una nueva estructura-institución. Ésta debe forzosamente ser pensada alejada de las lógicas de sujeto-consumidor para iniciar un proceso multinivel que la acerque a la del sujeto-participante.

Entender que el nivel institucional es el único existente sería burdo sobremanera cuando abordamos la constitución de un nuevo espacio simbólico. Del mismo modo, cuando se solicita la independencia de la institución ésta debería igualmente velar por la constitución de espacios de oxigenación social y cultural igualmente independientes. Espacios de gestión comunitaria, espacios de cooperación, alejados de las lógicas mercantiles y políticas. Espacios que promuevan diferentes tipos de prosumidores o sujetos políticos-actores implicados en la vida en común.

De este modo, la necesaria y profunda renovación institucional debería ser guiada a partir de ahora por una concepción ciudadana exigente con respecto a los espacios públicos. Teniendo para ello en cuenta unas mínimas reglas de convivencia e intercambio simbólico que presten especial atención tanto a las formas de producción del conocimiento como a su diseminación plural y transformación coparticipada.

Igualmente, deberíamos ser conscientes que el nuevo tipo de promoción en materia de políticas públicas a desarrollar debería ser exquisita en el respeto a la independencia y el impulso de nuevos caladeros sociales y culturales. Estos espacios, laboratorios del presente, permitirían la regeneración de nuestro tejido social y de nuestro ecosistema cultural. Constituyendo así una institución que se renueva y renueva el contrato social con su entorno impulsando procesos de regeneración colectiva. Una institucionalidad que reaccione frente a un entorno terriblemente deteriorado por lógicas extractivas y con la que nos ayudemos todas a superar la honda privatización de todo tipo de experiencia.

Pero por el momento estamos En Tránsito.

Entrada y salida del IVAM. Foto: Armand Llàcer

Entrada y salida del IVAM. Foto: Armand Llàcer

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No hay un debate público en condiciones

Entrevista realizada por Jose Luis Pérez Pont en MAKMA.

Eva Caro se sitúa en el territorio de la gestión cultural crítica, voluntariamente indefinido justo por la necesidad de totalizar experiencias e hibridar relaciones. Ya no es tiempo de líneas rectas, pues la realidad nos impone constantemente caminos curvos que en algunas ocasiones se convierten en espirales de las que no siempre es fácil escapar. Tras una larga época de epopeyas y grandilocuencia social y cultural, se mantiene en los despachos cierta resistencia a los cambios que han comenzado y que afortunadamente la ciudadanía demanda. Como parte de esa necesidad compartida, queriendo contribuir al contribuir al debate público, comienza con esta entrevista una serie titulada “Líneas inesperadas” con el propósito de introducirnos de lleno en la realidad social y cultural del momento. Eva Caro desarrollará para MAKMA, viernes tras viernes, encuentros y conversaciones con agentes significativos de este nuevo mapa de cambio en ciernes.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

¿De qué forma pretendes abordar este panorama a través de “Líneas inesperadas”?

Es un reto. Justo en el momento en que las cosas más fluyen hay que dejarse llevar y sacar referencias o aquello que defenderías, aquello que te está interrogando y que considero debería formar parte de ese magma del cambio que va a haber. Algunas serán acertadas, otras no… pero me interesa mucho más ese recorrido y dejar esas huellas dinámicas durante cierto tiempo.  En ciertos niveles institucionales veo que hay inmovilismo o cierto grado de reformismo estudiado. Me interesa, precisamente en estas circunstancias, ponerme ese reto y veamos qué es lo que pasa.

La idea principal es conversar con diversa gente; pensadores, periodistas, frikis de la informática, personas involucradas en plataformas sociales y por supuesto artistas. Gente que está habitando lugares en los que a diferentes niveles hay cuestiones que considero deben abordarse. Y por otro lado, trenzarlos con conceptos y prácticas que están sucediendo fuera de nuestras fronteras de ciudad o comunidad. Aquí sabemos que habíamos vivido en un entorno de burbuja inmobiliaria, pero convivimos día a día con una burbuja cultural todavía más potente. Muchos nos preguntamos durante tiempo porqué razón la emergencia de nuevos conceptos, propuestas y prácticas culturales no reciben ningún tipo de interés y seguimiento por parte de la prensa cultural. Ni las líneas editoriales ni la precariedad lo explican.

 

¿Por dónde crees que va a llegar ese cambio?

De muchas partes. La línea que resulta clara y muy trazada es, sin duda, el 15M. Nos ha afectado a todos directa o indirectamente tanto si estuvimos involucrados como si no. La agenda de la  realidad y el hilo previsible de sucesos quedó roto y ya nada puede ser lo mismo. Para muchos fue la primera experiencia de lo político que habían tenido en sus vidas, para otros no. Hubo gente a la que la pilló pensando el cambio otros a quienes les sorprendió. Hay muchas posibilidades cruzadas, tantas como personas. ¿Hacia dónde? Temas como democracia, transparencia y una forma participativa de construir lo cultural son importantes.

 

¿Para este proyecto de entrevistas, “Líneas inesperadas”, has establecido algún tipo de pauta? ¿Cómo lo has planeado?

En un principio llevaba tiempo queriendo hacer algo pero debía medir las fuerzas y mi propia energía. Luego, soy muy autocrítica. Es fruto de un trabajo de revisión personal e investigación que se inició hace unos seis años. Me ha parecido oportuno concretarlo ahora en esta forma lo cual no quiere decir que sea el único modo. Además, recuperando  los dos aspectos de mi contestación anterior, una de las pautas decididas es una “exposición intensa”.

He intentado preocuparme de generar contactos y trayectorias. Para mí, hay gente importante dentro de la red de posibilidades. No las de la última moda sino que cuando interrogo a alguien le he estado siguiendo y esa persona para mi resuelve dos, tres, cuatro o cinco cuestiones que al entrelazarlas con otras entrevistas pueden ofrecer un relieve de conjunto “ensanchado y con espesura”.  Estos dos adjetivos ¡me encantan!

Por otro lado, hay gente aquí que está haciendo cosas que considero muy importantes. Ellos mismos están trenzados con interlocutores muy potentes a nivel nacional e internacional pero esta ciudad ha sido un desierto cultural en muchos sentidos. Eso es algo que la prensa y las instituciones tienen que hacerse mirar rapidito. Si este proyecto ayuda a que éstas reaccionen de otro modo lo consideraría un éxito.

Un detalle importante, la crítica especializada es óptima pero voy a mirar en otros muchos niveles. No acepto la sectorialización del mundo cultural. Me parecería un error quedarme en el supermercado de la cultura que me lo divide por secciones y estantes en música, películas, novela, poesía, etc. Preferiré quedarme con la bomba de placer e interrogación que hay independientemente de la disciplina. Lo que sí hago es organizarlo por dossiers que abordarán cada cuatro semanas más o menos un concepto desde diferentes lugares. Una persona no resuelve un problema. Para abordarlo mínimamente tienes que tejer con cuatro nudos mínimo. De momento, tengo pensados tres meses iniciales. Aprovecho, desde la oportunidad que me brinda esta entrevista, para invitar a otros agentes culturales que pueden resultarme invisibles a ponerse en contacto y desarrollar una conversación futura.

 

No sé si quieres que anticipemos algo en cuanto a los entrevistados…

Lo que sí quiero decir es que tengo una tendencia a mirar e interrogar procesos fuera de su presentación o inauguración. He vivido demasiado esos momentos y no me interesan.  Para eso ya están los cronistas en la prensa generalista y los opinadores en la prensa especializada. Entrevisto, por ejemplo, a un director de cine documental en el proceso de montaje, a un artista antes de la exposición o mucho tiempo después, a un músico fuera de escena,…

Por otro lado, salvo raras excepciones que considero justificadas, es gente que desarrolla su trabajo en nuestra ciudad o ha sido invitada a colaborar en ella a través de otros agentes culturales.

Quería añadir que normalmente en la historia las mejores ideas y aportaciones, no vienen de universos cerrados en sí mismos, sino de gente que trabaja en otro lugar, con otra perspectiva.

La especialización penetra más rápidamente en capas más profundas de lo real pero, en muchas ocasiones, son esclavos de esa profundidad, de esa verticalidad inversa. Al contrario, me he dado cuenta de que converso con gente que proviene de otros lugares: un periodista que está mirando la historia política, una filósofa que se ha acercado a los movimientos sociales, un abogado que acercándose a las prácticas culturales más contemporáneas revisa las formas de derecho y dominio público. Son siempre traslaciones. Son migrantes conceptuales. No hay nadie que pertenezca a un único lugar.

 

Durante este tiempo, ¿Qué opinión tienes del modelo cultural que hemos conocido?

Si nos centramos en Valencia, que es mi intención y donde vivo, es un modelo mecánico, con muy poco diálogo, sostenido por todo tipo de institución. Y cuando digo institución no solo hablo de museos, centros de arte, etc. sino de universidad, salud, formas de gobierno, etc. Ha sido muy compacto.

Teníamos un patrón de acceso y reproducción de la realidad que marcaba el único camino a seguir. Muchos querían llegar para ocupar el espacio simbólico que se estaba construyendo, participar y distinguirse. Hablando desde mi experiencia; diría en torno a 2008, ese modelo presentaba disfunciones graves pero ya hace más de un año que veo una máquina agonizante. Ésta era excesivamente previsible y muy anticuada, en las formas de hacer, de pensar, en los propios modelos de las instituciones y sus procesos. Había mucho lifting cultural que con las mejores intenciones carecía de energía y se reconstruía sin tener en cuenta la renovación intelectual de artistas, críticos y tantos otros agentes culturales de esta ciudad.

 

La Comunitat Valenciana ha ejemplificado el modelo del exceso, y los dos partidos que se han sucedido en el gobierno han establecido bases compatibles de espectacularización de la cultura, dedicando gran atención a los contenedores.

Claro, el papel de la cultura es el mismo. No importa mucho que sea un partido u otro ya que estarán de acuerdo. Hay ciertas políticas sociales que tienen muy claras y en las que desarrollan una aproximación genérica muy gruesa. Yo diría: ¿Qué síntoma tan enorme es que no hayan más espacios ni proyectos en estas políticas públicas que promuevan realmente la independencia y desarrollo de los creadores a todos los niveles? Los diferentes poderes ejecutivos, en los últimos treinta años, no han dejado oxígeno e independencia a la creación ni a la interrogación. Y en esto no existe diferencia. De los jóvenes urbanitas a la cultura popular, del amateurismo a la profesionalización, las relaciones han sido de apropiación y dependencia. No hay ningún rastreo de políticas públicas que problematicen esos lugares. No hay un ecosistema.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

¿Qué forma crees que debería tener una nueva estructura, que permitiera una mayor participación y un comportamiento más horizontal?

Primero, yo creo que no puede salir de una única cabeza pensante. Hay que hacer un ejercicio de generosidad por parte de los diferentes actores públicos que hay en el escenario de esas tensiones y ponerlas encima de la mesa para abordarlas en todos los niveles. De nada sirve mirar a una institución solo por la cara amable que muestra a la ciudadanía en estos momentos, sin ver sus otros dos hermanos mellizos: las cuestiones legislativas y administrativas o económicas. Hay que abordar todo eso de una forma global. No se puede pensar un modelo sin tocar el aspecto económico. Si se hace participativo o cogestionado en cuanto a contenidos debería ser también a cierta independencia en las cuestiones económicas.

Hemos oído hablar durante años de los presupuestos participativos pero lo más importante de aquello era el proceso de toma de decisiones públicas. Esos procesos deberían ser dinámicos, conflictivos, plurales y sometidos a continuo desarrollo. Pero esas decisiones son de imaginario y contenidos a la vez que de desarrollos legales, procedimentales y económicos. Esa es la mayor tarea de cualquier estructura. Y, claro, dirán que este planteamiento es idealista o utópico pero ante la situación que tenemos es la tarea más honesta y estimulante que vamos a tener que afrontar.

No son solo los contenidos sino las condiciones de producción, diálogo y debate que generen. Si no, llegaremos a fórmulas de cogestión para sostener el escaparate abierto. Los creativos precarios los llenarán con ilusión pero la cuestión de fondo habrá quedado sin resolver como una herida cerrada en falso.

 

A raíz de lo que dices, hay muchas infraestructuras públicas que prácticamente están cerradas o sin programación, y no se ofrece la oportunidad de que agentes culturales activos puedan participar dotando de contenidos. ¿Crees que es viable esa fórmula?

Yo no creo que sea ni siquiera una fórmula, en todo caso una fórmula defensiva. Hay que abrir el tapón que impide la emergencia natural de un imaginario colectivo diferente, en ello incluyo música, cine, etc. No me quedo estrictamente en el arte contemporáneo. Si lo observamos, tenemos una ciudad que prohíbe, por ejemplo, ir en patines. ¿Como creemos posible que la misma ciudad coercitiva nos “deje” un espacio público para que lo llenemos con contenidos que luego le serán contrarios? Entrar en cogestión lo es a todos los niveles.

 

¿Qué quieres decir?

Que hay un reparto del presupuesto. Hay una legislación a actualizar en diálogo. Eso implica empezar a reconocer a sujetos sociales diferentes, como por ejemplo, colectivos. La legislación española, desde 1978 y en la actualidad, no reconoce otras formas organizativas que no sean la asociación, las empresas y los autónomos. Esto es muy importante porque la realidad es que la mayoría de manifestaciones artísticas y culturales funcionan por colectivos o plataformas. Hay una lentitud legislativa natural; pues la legislación siempre actúa por detrás de los desarrollos sociales, pero esto no explica totalmente el inmovilismo generalizado. Ha sido más bien un método defensivo, cómodo y conservador que materializa una continuada resistencia al cambio. Esto es urgente porque es necesario. Significa hacer el ejercicio íntegro de incluir sujetos de interlocución múltiples si se quiere iniciar una buena conversación.

En ese sentido, por ejemplo, están surgiendo nuevos enfoques de análisis que me parecen muy interesantes. El cambio de enfoque sería no tanto mirar la institucionalidad en sí misma como comprobar el grado de “extitucionalidad” que produce.

 

¿Que opinión tienes de las iniciativas colectivas en el ámbito valenciano?

Pues tengo una opinión a diferentes niveles. Conozco bastante de los colectivos artísticos, no de todos por supuesto ya que es imposible que conozca todos. Hay investigadores que junto a otros colaboradores han realizado un trabajo formidable de mapeado de los últimos treinta años. Los análisis nodales que han desarrollado son muy interesantes ya que explican muchas dinámicas. Una de ellas, quizás la más fuerte, es la efervescencia, temporalidad y mutación concatenada que permite la inclusión de gente más joven con otros perfiles. La otra tendencia fuerte es la decisión voluntaria de algunos grupos de permanecer invisibles, que es absolutamente respetable. Estos espacios, en concreto, creo que son repositorios de creatividad y son importantísimos.

Por otro lado, en el mundo de la música, por ejemplo, y del teatro, estoy viendo que se están uniendo porque se han dado cuenta de que solos no pueden caminar. Es inviable la individualidad. Veo una gran concentración del mundo de la música y de las artes escénicas y el audiovisual, cosa que no veo en arte. Y me preocupa.

 

¿A qué crees que se debe?

Hay muchas razones. Las prácticas artísticas no están obligadas a colaborar intensamente con los demás, por ejemplo, un músico si quiere hacer música y subirse a un escenario, necesita trabajar con otros músicos; arreglista, voz, técnico de sonido,..Es decir, desarrollar en equipo. Cuenta también el grado de exposición. La escena es una producción intensiva. Es decir, cuantos  más “bolos” mejor. El artista trabaja en múltiples propuestas, cada vez más, pero su grado de exposición es muchísimo menor. El roce continuado en equipo y en “bolos” hace que sean procesos de mejora continua. No son planteamientos teóricos, que los tienen sin duda, sino una mejora e investigación en la práctica. Creo que aprenden más rápido y eso es la base.

Los artistas contemporáneos y algunos críticos, desde 2008, se han ido uniendo con el esfuerzo de muchísima gente. Pero no veo ningún lugar, como sucede con la música, en el que digan: “vamos a generar un laboratorio común”. Frente a los músicos tienen más grado de dependencia y menos confianza. Su dependencia les hace estar en un registro oculto de competitividad.

 

¿Cómo ves el panorama de la comunicación y la vicisitud del soporte papel? ¿Qué ha supuesto la transformación tecnológica del sistema de diario y periodismo con la llegada de nuevos dispositivos y soportes, pero también de nuevos usos y hábitos?

Hace diez o quince años los periódicos reaccionaron muy mal, no lo quisieron tener en cuenta. Hace cinco años la introducción de las redes sociales lo ha ido cambiado todo. Esas cápsulas de información estáticas que aparecían en la blogosfera han desarrollado un gran dinamismo por medio de redes sociales porque las compartimos, las comentamos, volvemos a ellas. Esto es así. Tienen muchísima más repercusión.

Por otro lado, las grandes cabeceras en prensa nacional han sido reestructuradas a golpe de ERE. No sé si adecuadamente. El periodista había ido perdiendo su función con los años orientándose cada vez más al cronista. Hay muy poco periodismo de investigación, de hecho se ha hecho en blogs de gente que ha sostenido la crítica literaria y artística, gente que ha sido ensombrecida y enmudecida. La prensa comercial ha tenido oportunidad de generar nuevas redes pero no lo ha hecho. Ahora hay una enorme competición. Periodistas de cabeceras oficiales que han sido apartados se han tenido que montar su propio medio. A mí me parece que son más interesantes aquellos medios que hace unos dos años surgen como una comunidad de bienes o cooperativas, con el deseo expreso de volver a hacer periodismo.  Últimamente, el periodismo digital de click surge como un nuevo modelo de negocio. Se nota mucho en los titulares. Viven del morbo y la sensación, pero el cuerpo informativo es luego contradictorio, generando confusión informativa. Hay ya muchos malos ejemplos. Los que viajamos mucho por Internet lo vemos.

Luego, creo que hay iniciativas que pasaron mucho tiempo como carteleras de ocio y cultura y han hecho un papel muy bueno. Gente como Verlanga, JotDown o Yorokobu, están haciendo cosas interesantes. Hay una renovación también en el formato papel de amantes del cómic y dibujo. Es un fenómeno muy interesante que hace que la realidad se pliegue sobre sí misma. Justamente, ¡en medio de la crisis del papel nacen las mejores publicaciones en papel!

 

Seguramente la gran revolución que se está produciendo es la de un cambio de conciencia personal. La gente ha llegado a un punto en el que la realidad le supera de tal manera que no soporta por más tiempo esa farsa, por lo que tomando conciencia aplica cambios reales a su vida. Los cambios comienzan por uno mismo.

Claro, de hecho hace dos años los españoles echaban la culpa a los políticos. En España somos unos grandes gestores de la culpa. Somos especialistas. Endosando la culpa al primer bicho que camine soslayamos la resolución del conflicto y del debate. Nos instalamos en la indignación y soslayamos la parte de la solución que nos compete. Hay una diferencia fundamental entre las culturas de inspiración católica y aquellas protestantes en este sentido. Pero si queremos resolver esta crisis no sirve apuntar con el dedo al culpable sino ponerse “en el rincón de pensar” y hacer un ejercicio de introspección personal y de modificación de conducta individual. Pienso que cada uno a su nivel y en la medida de sus posibilidades ya lo está realizando. Es un proceso de reeducación cultural que pasa también por reconocer que deseas recuperar el polvo mágico de tu propia vida. Perdona que utilice esa metáfora que para mí es ante todo de las pequeñas cosas y sexy. Cuando tienes claro que de otro modo no vas bien ya estás cambiando algo. Es una decisión difícil porque hay mucha gente que no es capaz de levantar sus pilares vitales. Hay que ir poco a poco. No somos un país en el que haya un debate público en condiciones. El diálogo no existe. Estos años de cambio y crisis para mucha gente están impulsando una recalibración del tablero de juego y nos pone en duda, en primer lugar, a nosotros mismos.

Yo misma puedo entrar en el ojo del huracán y no sé como acabaré aterrizando, pero al menos me siento involucrada y por eso actúo. Esto atañe a críticos y artistas. El campo de juego cambia y ninguna posición o etiquetado anterior servirá sino es transformada. Lo más positivo y esperanzador es saber que pase lo que pase habrán soluciones y posiciones múltiples. Ese sujeto anónimo e incontrolable que es la sociedad sí tiene algo claro: su supervivencia.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

 

El IVAM, presupuesto ejecutado I.

Recorrer más de 20 años de una institución a través de sus presupuestos es como viajar en medio de compromisos ejecutivos. La primera gran diferencia para cualquier profesional que se acerque a mirar una institución es comprobar su estado de cuentas. Eso significa comprobar cual es el estado de salud y el músculo con el que se va a poder contar.

En este sentido, de nada servirá comprobar la dotación pública para el año corriente (2013) o la promesa para el año siguiente (2014). Y esa es la pálida información que reciben actualmente los candidatos a la dirección del IVAM. Hecho que puede constatarse visitando su web oficial.

Para cualquier profesional que se precie serán los presupuestos ejecutados y auditados los que sirvan de referencia para pensar un proyecto adecuado. Sin duda, a grandes trazos, diría que nos encontramos ante un cuerpo muscular profundamente mermado. No siendo el problema el que no hayan dotaciones presupuestarias suficientes sino que éstas siendo suficientes están sosteniendo un modelo de acumulación, productivo y de difusión insostenible. Mantener un dispositivo cultural cerrado o comprando ilusiones y voluntades es realmente muy caro.

The Anatomy Lesson

The Anatomy Lesson

Plantearemos varias observaciones. A saber, que aunque los presupuestos han aumentado y en múltiples ocasiones en los últimos años han debido ser “mejorados” mediante la aprobación in extremis de modificaciones presupuestarias casi en Navidad (recuerdo aquí que hablo de años económicos y fiscales). Aunque podría decirse que los presupuestos han aumentado razonablemente siguiendo el aumento del precio de la vida. Aunque se esgrima que ha habido reducción en los presupuestos (que no los ejecutados) debido a la crisis.

Tengo que decir que también hace 14 años que el IVAM quedó en la expresión de su sola mitad al perder el Centre del Carmen como lugar de actividades y este hecho no se ve repercutido en un ahorro importante. Hay menos metros cuadrados en los que coordinar y producir exposiciones, pagar seguridad, montajes, comisariados, catálogos, seguridad, luz, agua, etc.

Aunque hubiera una primera ampliación del Centro Julio González de 900 m2 es sabido de todo el mundo que no es lo mismo mantener una casa que dos. En cualquier caso, aquí está la evolución presupuestaria.

IVAM. Presupuestos anuales 1988-2012. Elaboración propia.

IVAM. Presupuestos anuales 1988-2012. Elaboración propia.

Los años 2013 (en espera de la publicación de los datos públicos previsiblemente a finales de junio) y 2014 parecen mantener una media de 6’3 millones de euros de presupuestos concedidos. Otra cosa es comprobar la diferencia antes o después del ejercicio. Por cierto, ya he encontrado la nueva web de transparencia, gva Oberta. ¡Impresionante!

Adjunto en este post el Balance de las Cuentas Anuales del 2012 que se encuentra en la Sindicatura de Comptes y en la Consellería de Hacienda y Administración Pública. A mí no me coinciden. En el primero, el documento excel, recomiendo que observéis la pestaña “Memoria”.

Hay una cifra mágica: 2.794.139,12 millones de euros.

Cualquier ayuda que corrobore mis dudas será muy bien recibida en el email de contacto disponible en este blog. Gracias.

Notas aclaratorias y fuentes

Estudio SANAA

Estudio SANAA. Funcionamiento de la piel de la ampliación del IVAM.

Primera aclaración necesaria: no soy economista.

Segunda nota aclaratoria: he manejado fuentes públicas.

Tercera nota aclaratoria: asumo, al pie de la letra y de cada número, los documentos que he analizado como formas de “contarse” la institución. Cierto es que haré una lectura impura de los balances contables auditados y que añadiré parte subjetiva pero TODOS  los datos que a partir de ahora citaré serán aquellos expresados por la institución.

Cuarta nota aclaratoria: Acepto mis limitaciones y posibles errores “contables” pero en lugar de la crítica aceptaría cualquier colaboración experta que pueda arrojar más luz sobre el asunto. Para ello, podéis usar el email de contacto que aparece en este blog.

Quinta nota aclaratoria: he podido contrastar que este ejercicio no ha sido realizado nunca con anterioridad. Hecho éste que me sorprende.

Fuentes consultadas: rendición de Balances Económicos e Informes Auditados anuales desde 1989 hasta 2012 del IVAM.

Localización de las fuentes: DOGV, Sindicatura de Comptes de la GVA, Consellería de Hacienda y Administración Pública.

NB.: Aunque hoy mismo se presentaba el Portal de Transparencia de la GVA me ha sido imposible encontrarlo.

 

Ciudad – I

Vivo en Valencia, una ciudad que es como otra cualquiera en el Levante español. No voy a describir aquí la ciudad que padezco sino aquellas ciudades que parecen estar preparándose, proponiéndose en diferentes ámbitos en estos momentos.

Ocurre con las ciudades como con los sueños: todo lo imaginable puede ser soñado pero hasta el sueño más inesperado es un acertijo que esconde un deseo, o bien su inversa, un miedo. Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos, aunque el hilo de su discurso sea secreto, sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas, y toda cosa esconda otra.

Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles (1972)

Hace ya unos meses que me llegan dos fuentes de información referidas a las ciudades. Me ocupo en este post de explicar el recorrido y plantear las enormes diferencias.

1.- La primera referencia es el libro  Ciudades Creativas de Richard Florida. Este libro fue editado por primera vez en inglés en 2008 y un año más tarde en castellano. El contenido no está liberado en internet, síntoma éste muy significativo, aunque adjunto una pequeña reseña y una entrevista corta.

No puedo evitarlo: ¿No parece un personaje de Mad men? Curioso ¿no?

Antes que este libro fuera tomado en cuenta la influencia de Richard Florida surgió a partir de 2002 con la fuerza de las empresas punto.com y se acrecentó con el ascenso de las redes sociales. Aunque tengo que señalar que este tipo de fuente me llega más ligada a ámbitos de la administración o políticos.

2.- La Comisión Europea ha ido interesándose por estas cuestiones. Sobre todo en lo que inicialmente se llamó Industria Cultural y que fue poco a poco deslizándose hacia la auto-denominación actual de la Industria Cultural y Creativa (téngase en cuenta aquí al cine, los videojuegos, etc). Es por ello que todos los presupuestos europeos dedicados a cultura para el Horizonte 2020 tienen un nuevo programa de actuación llamado Europa Creativa. Pero esto solo tiene que ver con “lo creativo” , no con la ciudad.

Últimamente, observo con cierto desasosiego que en mi ciudad, Valencia, se están utilizando cada vez más las referencias y tesis de Richard Florida. Algunas personas dedicadas a la gestión cultural e involucradas en otras esferas lo han tomado como un libro de cabecera; como la solución a un proyecto de futuro. Ante esto me planteo la siguiente pregunta:

Si tenemos en cuenta que ésta es la obra madura de alguien cuyo pensamiento surge con la influencia de las punto.com estaríamos hablando de al menos 12 años de diferencia y precisamente aquellos en los que estamos atravesando una crisis tan profunda. Así, ¿como se puede tomar como guía esta referencia?

Ya que ni la historia, ni el desarrollo, ni el contexto social y económico de nuestras ciudades es para nada semejante. Mi desasosiego es más punzante cuando observo que seguimos practicando el “paracaidismo” intelectual: con verticalidad, negación del contexto y alevosía en la responsabilidad pública. Muchos han sido los males que la “burbuja inmobiliaria” ha traído consigo y entre ellos resaltaré aquí una “burbuja intelectual y cultural” que ha generado un ecosistema con falta de aire fresco, con mecanismos oxidados y con un aislamiento contemporáneo crónico.

Por otro lado, este libro tiene algo que a los economistas puede encantar como una serie de “indicadores” de innovación y creatividad. Una muestra de estas investigaciones la podemos encontrar en algunos trabajos de Pau Rausell. Entiendo que la condensación de los barrios creativos puede originar un mayor intercambio y desarrollo en las industrias culturales o más sencillo: “el roce hace el cariño”.

Sin embargo, esos mismos indicadores lo son también de otras cuestiones. Algunos intelectuales, principalmente politólogos y sociólogos,  han estructurado una clara controversia frente a las ideas de Richard Florida demostrando que con los mismos números conseguían resultados diferentes o planteando que las condiciones del estudio ya no existen.

Pero quizás aquello más significativo en ambos casos es que el propio autor está poniendo en duda sus tesis en algún artículo. Desde aquí agradezco el acceso a dicha información a Jaron Rowan y Jordi Oliveras en sendos artículos escritos para la revista Nativa.

De la gestión cultural

Nunca he querido ser gestora cultural. Eso se lo inventaron por el camino y a mí me tocó ir aceptándolo poco a poco y nunca del todo.

¿Por qué? La respuesta es bien sencilla: aquello que se hace como gestora cultural no es nunca, realmente, gestión cultural. Se podría llamar de mil maneras: coordinación, asistencia, organización, “yoquesé”, …

En cualquier caso, hay un artículo “sesudo” en el que lo explico pero para los que no quieren perder el tiempo diré que considero que el espacio del gestor cultural es un lugar “tomado” por el marketing, los intereses políticos, la imagen institucional que se desea proyectar, la construcción  simbólica social y tantas otras cosas más.

Las primeras herramientas de una gestora cultural pública son las leyes (cosa que se olvida con demasiada facilidad). Las segundas son los procesos marketinianos que fueron escorando decididamente los objetivos de cualquier institución pública dedicada a la cultura. Suele diferenciarse entre el marketing estratégico y el táctico. Entre las decisiones estratégicas y aquellas decisiones técnicas correspondientes a tácticas es donde se dibuja el ambiguo y fluido campo de batalla de la gestión cultural.

Es en el análisis de las fuerzas que emanen de un espacio decisional a otro y al revés donde suelen aparecer reveladoras contradicciones.

ovejas

Esta foto siempre me ha encantado y hay una pieza-sábana-pancarta-obra-de-arte del maravilloso Robert Filliou que la haría más compleja:

“Es más difícil ser el número 81 que el número 1”