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No hay un debate público en condiciones

Entrevista realizada por Jose Luis Pérez Pont en MAKMA.

Eva Caro se sitúa en el territorio de la gestión cultural crítica, voluntariamente indefinido justo por la necesidad de totalizar experiencias e hibridar relaciones. Ya no es tiempo de líneas rectas, pues la realidad nos impone constantemente caminos curvos que en algunas ocasiones se convierten en espirales de las que no siempre es fácil escapar. Tras una larga época de epopeyas y grandilocuencia social y cultural, se mantiene en los despachos cierta resistencia a los cambios que han comenzado y que afortunadamente la ciudadanía demanda. Como parte de esa necesidad compartida, queriendo contribuir al contribuir al debate público, comienza con esta entrevista una serie titulada “Líneas inesperadas” con el propósito de introducirnos de lleno en la realidad social y cultural del momento. Eva Caro desarrollará para MAKMA, viernes tras viernes, encuentros y conversaciones con agentes significativos de este nuevo mapa de cambio en ciernes.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

¿De qué forma pretendes abordar este panorama a través de “Líneas inesperadas”?

Es un reto. Justo en el momento en que las cosas más fluyen hay que dejarse llevar y sacar referencias o aquello que defenderías, aquello que te está interrogando y que considero debería formar parte de ese magma del cambio que va a haber. Algunas serán acertadas, otras no… pero me interesa mucho más ese recorrido y dejar esas huellas dinámicas durante cierto tiempo.  En ciertos niveles institucionales veo que hay inmovilismo o cierto grado de reformismo estudiado. Me interesa, precisamente en estas circunstancias, ponerme ese reto y veamos qué es lo que pasa.

La idea principal es conversar con diversa gente; pensadores, periodistas, frikis de la informática, personas involucradas en plataformas sociales y por supuesto artistas. Gente que está habitando lugares en los que a diferentes niveles hay cuestiones que considero deben abordarse. Y por otro lado, trenzarlos con conceptos y prácticas que están sucediendo fuera de nuestras fronteras de ciudad o comunidad. Aquí sabemos que habíamos vivido en un entorno de burbuja inmobiliaria, pero convivimos día a día con una burbuja cultural todavía más potente. Muchos nos preguntamos durante tiempo porqué razón la emergencia de nuevos conceptos, propuestas y prácticas culturales no reciben ningún tipo de interés y seguimiento por parte de la prensa cultural. Ni las líneas editoriales ni la precariedad lo explican.

 

¿Por dónde crees que va a llegar ese cambio?

De muchas partes. La línea que resulta clara y muy trazada es, sin duda, el 15M. Nos ha afectado a todos directa o indirectamente tanto si estuvimos involucrados como si no. La agenda de la  realidad y el hilo previsible de sucesos quedó roto y ya nada puede ser lo mismo. Para muchos fue la primera experiencia de lo político que habían tenido en sus vidas, para otros no. Hubo gente a la que la pilló pensando el cambio otros a quienes les sorprendió. Hay muchas posibilidades cruzadas, tantas como personas. ¿Hacia dónde? Temas como democracia, transparencia y una forma participativa de construir lo cultural son importantes.

 

¿Para este proyecto de entrevistas, “Líneas inesperadas”, has establecido algún tipo de pauta? ¿Cómo lo has planeado?

En un principio llevaba tiempo queriendo hacer algo pero debía medir las fuerzas y mi propia energía. Luego, soy muy autocrítica. Es fruto de un trabajo de revisión personal e investigación que se inició hace unos seis años. Me ha parecido oportuno concretarlo ahora en esta forma lo cual no quiere decir que sea el único modo. Además, recuperando  los dos aspectos de mi contestación anterior, una de las pautas decididas es una “exposición intensa”.

He intentado preocuparme de generar contactos y trayectorias. Para mí, hay gente importante dentro de la red de posibilidades. No las de la última moda sino que cuando interrogo a alguien le he estado siguiendo y esa persona para mi resuelve dos, tres, cuatro o cinco cuestiones que al entrelazarlas con otras entrevistas pueden ofrecer un relieve de conjunto “ensanchado y con espesura”.  Estos dos adjetivos ¡me encantan!

Por otro lado, hay gente aquí que está haciendo cosas que considero muy importantes. Ellos mismos están trenzados con interlocutores muy potentes a nivel nacional e internacional pero esta ciudad ha sido un desierto cultural en muchos sentidos. Eso es algo que la prensa y las instituciones tienen que hacerse mirar rapidito. Si este proyecto ayuda a que éstas reaccionen de otro modo lo consideraría un éxito.

Un detalle importante, la crítica especializada es óptima pero voy a mirar en otros muchos niveles. No acepto la sectorialización del mundo cultural. Me parecería un error quedarme en el supermercado de la cultura que me lo divide por secciones y estantes en música, películas, novela, poesía, etc. Preferiré quedarme con la bomba de placer e interrogación que hay independientemente de la disciplina. Lo que sí hago es organizarlo por dossiers que abordarán cada cuatro semanas más o menos un concepto desde diferentes lugares. Una persona no resuelve un problema. Para abordarlo mínimamente tienes que tejer con cuatro nudos mínimo. De momento, tengo pensados tres meses iniciales. Aprovecho, desde la oportunidad que me brinda esta entrevista, para invitar a otros agentes culturales que pueden resultarme invisibles a ponerse en contacto y desarrollar una conversación futura.

 

No sé si quieres que anticipemos algo en cuanto a los entrevistados…

Lo que sí quiero decir es que tengo una tendencia a mirar e interrogar procesos fuera de su presentación o inauguración. He vivido demasiado esos momentos y no me interesan.  Para eso ya están los cronistas en la prensa generalista y los opinadores en la prensa especializada. Entrevisto, por ejemplo, a un director de cine documental en el proceso de montaje, a un artista antes de la exposición o mucho tiempo después, a un músico fuera de escena,…

Por otro lado, salvo raras excepciones que considero justificadas, es gente que desarrolla su trabajo en nuestra ciudad o ha sido invitada a colaborar en ella a través de otros agentes culturales.

Quería añadir que normalmente en la historia las mejores ideas y aportaciones, no vienen de universos cerrados en sí mismos, sino de gente que trabaja en otro lugar, con otra perspectiva.

La especialización penetra más rápidamente en capas más profundas de lo real pero, en muchas ocasiones, son esclavos de esa profundidad, de esa verticalidad inversa. Al contrario, me he dado cuenta de que converso con gente que proviene de otros lugares: un periodista que está mirando la historia política, una filósofa que se ha acercado a los movimientos sociales, un abogado que acercándose a las prácticas culturales más contemporáneas revisa las formas de derecho y dominio público. Son siempre traslaciones. Son migrantes conceptuales. No hay nadie que pertenezca a un único lugar.

 

Durante este tiempo, ¿Qué opinión tienes del modelo cultural que hemos conocido?

Si nos centramos en Valencia, que es mi intención y donde vivo, es un modelo mecánico, con muy poco diálogo, sostenido por todo tipo de institución. Y cuando digo institución no solo hablo de museos, centros de arte, etc. sino de universidad, salud, formas de gobierno, etc. Ha sido muy compacto.

Teníamos un patrón de acceso y reproducción de la realidad que marcaba el único camino a seguir. Muchos querían llegar para ocupar el espacio simbólico que se estaba construyendo, participar y distinguirse. Hablando desde mi experiencia; diría en torno a 2008, ese modelo presentaba disfunciones graves pero ya hace más de un año que veo una máquina agonizante. Ésta era excesivamente previsible y muy anticuada, en las formas de hacer, de pensar, en los propios modelos de las instituciones y sus procesos. Había mucho lifting cultural que con las mejores intenciones carecía de energía y se reconstruía sin tener en cuenta la renovación intelectual de artistas, críticos y tantos otros agentes culturales de esta ciudad.

 

La Comunitat Valenciana ha ejemplificado el modelo del exceso, y los dos partidos que se han sucedido en el gobierno han establecido bases compatibles de espectacularización de la cultura, dedicando gran atención a los contenedores.

Claro, el papel de la cultura es el mismo. No importa mucho que sea un partido u otro ya que estarán de acuerdo. Hay ciertas políticas sociales que tienen muy claras y en las que desarrollan una aproximación genérica muy gruesa. Yo diría: ¿Qué síntoma tan enorme es que no hayan más espacios ni proyectos en estas políticas públicas que promuevan realmente la independencia y desarrollo de los creadores a todos los niveles? Los diferentes poderes ejecutivos, en los últimos treinta años, no han dejado oxígeno e independencia a la creación ni a la interrogación. Y en esto no existe diferencia. De los jóvenes urbanitas a la cultura popular, del amateurismo a la profesionalización, las relaciones han sido de apropiación y dependencia. No hay ningún rastreo de políticas públicas que problematicen esos lugares. No hay un ecosistema.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

¿Qué forma crees que debería tener una nueva estructura, que permitiera una mayor participación y un comportamiento más horizontal?

Primero, yo creo que no puede salir de una única cabeza pensante. Hay que hacer un ejercicio de generosidad por parte de los diferentes actores públicos que hay en el escenario de esas tensiones y ponerlas encima de la mesa para abordarlas en todos los niveles. De nada sirve mirar a una institución solo por la cara amable que muestra a la ciudadanía en estos momentos, sin ver sus otros dos hermanos mellizos: las cuestiones legislativas y administrativas o económicas. Hay que abordar todo eso de una forma global. No se puede pensar un modelo sin tocar el aspecto económico. Si se hace participativo o cogestionado en cuanto a contenidos debería ser también a cierta independencia en las cuestiones económicas.

Hemos oído hablar durante años de los presupuestos participativos pero lo más importante de aquello era el proceso de toma de decisiones públicas. Esos procesos deberían ser dinámicos, conflictivos, plurales y sometidos a continuo desarrollo. Pero esas decisiones son de imaginario y contenidos a la vez que de desarrollos legales, procedimentales y económicos. Esa es la mayor tarea de cualquier estructura. Y, claro, dirán que este planteamiento es idealista o utópico pero ante la situación que tenemos es la tarea más honesta y estimulante que vamos a tener que afrontar.

No son solo los contenidos sino las condiciones de producción, diálogo y debate que generen. Si no, llegaremos a fórmulas de cogestión para sostener el escaparate abierto. Los creativos precarios los llenarán con ilusión pero la cuestión de fondo habrá quedado sin resolver como una herida cerrada en falso.

 

A raíz de lo que dices, hay muchas infraestructuras públicas que prácticamente están cerradas o sin programación, y no se ofrece la oportunidad de que agentes culturales activos puedan participar dotando de contenidos. ¿Crees que es viable esa fórmula?

Yo no creo que sea ni siquiera una fórmula, en todo caso una fórmula defensiva. Hay que abrir el tapón que impide la emergencia natural de un imaginario colectivo diferente, en ello incluyo música, cine, etc. No me quedo estrictamente en el arte contemporáneo. Si lo observamos, tenemos una ciudad que prohíbe, por ejemplo, ir en patines. ¿Como creemos posible que la misma ciudad coercitiva nos “deje” un espacio público para que lo llenemos con contenidos que luego le serán contrarios? Entrar en cogestión lo es a todos los niveles.

 

¿Qué quieres decir?

Que hay un reparto del presupuesto. Hay una legislación a actualizar en diálogo. Eso implica empezar a reconocer a sujetos sociales diferentes, como por ejemplo, colectivos. La legislación española, desde 1978 y en la actualidad, no reconoce otras formas organizativas que no sean la asociación, las empresas y los autónomos. Esto es muy importante porque la realidad es que la mayoría de manifestaciones artísticas y culturales funcionan por colectivos o plataformas. Hay una lentitud legislativa natural; pues la legislación siempre actúa por detrás de los desarrollos sociales, pero esto no explica totalmente el inmovilismo generalizado. Ha sido más bien un método defensivo, cómodo y conservador que materializa una continuada resistencia al cambio. Esto es urgente porque es necesario. Significa hacer el ejercicio íntegro de incluir sujetos de interlocución múltiples si se quiere iniciar una buena conversación.

En ese sentido, por ejemplo, están surgiendo nuevos enfoques de análisis que me parecen muy interesantes. El cambio de enfoque sería no tanto mirar la institucionalidad en sí misma como comprobar el grado de “extitucionalidad” que produce.

 

¿Que opinión tienes de las iniciativas colectivas en el ámbito valenciano?

Pues tengo una opinión a diferentes niveles. Conozco bastante de los colectivos artísticos, no de todos por supuesto ya que es imposible que conozca todos. Hay investigadores que junto a otros colaboradores han realizado un trabajo formidable de mapeado de los últimos treinta años. Los análisis nodales que han desarrollado son muy interesantes ya que explican muchas dinámicas. Una de ellas, quizás la más fuerte, es la efervescencia, temporalidad y mutación concatenada que permite la inclusión de gente más joven con otros perfiles. La otra tendencia fuerte es la decisión voluntaria de algunos grupos de permanecer invisibles, que es absolutamente respetable. Estos espacios, en concreto, creo que son repositorios de creatividad y son importantísimos.

Por otro lado, en el mundo de la música, por ejemplo, y del teatro, estoy viendo que se están uniendo porque se han dado cuenta de que solos no pueden caminar. Es inviable la individualidad. Veo una gran concentración del mundo de la música y de las artes escénicas y el audiovisual, cosa que no veo en arte. Y me preocupa.

 

¿A qué crees que se debe?

Hay muchas razones. Las prácticas artísticas no están obligadas a colaborar intensamente con los demás, por ejemplo, un músico si quiere hacer música y subirse a un escenario, necesita trabajar con otros músicos; arreglista, voz, técnico de sonido,..Es decir, desarrollar en equipo. Cuenta también el grado de exposición. La escena es una producción intensiva. Es decir, cuantos  más “bolos” mejor. El artista trabaja en múltiples propuestas, cada vez más, pero su grado de exposición es muchísimo menor. El roce continuado en equipo y en “bolos” hace que sean procesos de mejora continua. No son planteamientos teóricos, que los tienen sin duda, sino una mejora e investigación en la práctica. Creo que aprenden más rápido y eso es la base.

Los artistas contemporáneos y algunos críticos, desde 2008, se han ido uniendo con el esfuerzo de muchísima gente. Pero no veo ningún lugar, como sucede con la música, en el que digan: “vamos a generar un laboratorio común”. Frente a los músicos tienen más grado de dependencia y menos confianza. Su dependencia les hace estar en un registro oculto de competitividad.

 

¿Cómo ves el panorama de la comunicación y la vicisitud del soporte papel? ¿Qué ha supuesto la transformación tecnológica del sistema de diario y periodismo con la llegada de nuevos dispositivos y soportes, pero también de nuevos usos y hábitos?

Hace diez o quince años los periódicos reaccionaron muy mal, no lo quisieron tener en cuenta. Hace cinco años la introducción de las redes sociales lo ha ido cambiado todo. Esas cápsulas de información estáticas que aparecían en la blogosfera han desarrollado un gran dinamismo por medio de redes sociales porque las compartimos, las comentamos, volvemos a ellas. Esto es así. Tienen muchísima más repercusión.

Por otro lado, las grandes cabeceras en prensa nacional han sido reestructuradas a golpe de ERE. No sé si adecuadamente. El periodista había ido perdiendo su función con los años orientándose cada vez más al cronista. Hay muy poco periodismo de investigación, de hecho se ha hecho en blogs de gente que ha sostenido la crítica literaria y artística, gente que ha sido ensombrecida y enmudecida. La prensa comercial ha tenido oportunidad de generar nuevas redes pero no lo ha hecho. Ahora hay una enorme competición. Periodistas de cabeceras oficiales que han sido apartados se han tenido que montar su propio medio. A mí me parece que son más interesantes aquellos medios que hace unos dos años surgen como una comunidad de bienes o cooperativas, con el deseo expreso de volver a hacer periodismo.  Últimamente, el periodismo digital de click surge como un nuevo modelo de negocio. Se nota mucho en los titulares. Viven del morbo y la sensación, pero el cuerpo informativo es luego contradictorio, generando confusión informativa. Hay ya muchos malos ejemplos. Los que viajamos mucho por Internet lo vemos.

Luego, creo que hay iniciativas que pasaron mucho tiempo como carteleras de ocio y cultura y han hecho un papel muy bueno. Gente como Verlanga, JotDown o Yorokobu, están haciendo cosas interesantes. Hay una renovación también en el formato papel de amantes del cómic y dibujo. Es un fenómeno muy interesante que hace que la realidad se pliegue sobre sí misma. Justamente, ¡en medio de la crisis del papel nacen las mejores publicaciones en papel!

 

Seguramente la gran revolución que se está produciendo es la de un cambio de conciencia personal. La gente ha llegado a un punto en el que la realidad le supera de tal manera que no soporta por más tiempo esa farsa, por lo que tomando conciencia aplica cambios reales a su vida. Los cambios comienzan por uno mismo.

Claro, de hecho hace dos años los españoles echaban la culpa a los políticos. En España somos unos grandes gestores de la culpa. Somos especialistas. Endosando la culpa al primer bicho que camine soslayamos la resolución del conflicto y del debate. Nos instalamos en la indignación y soslayamos la parte de la solución que nos compete. Hay una diferencia fundamental entre las culturas de inspiración católica y aquellas protestantes en este sentido. Pero si queremos resolver esta crisis no sirve apuntar con el dedo al culpable sino ponerse “en el rincón de pensar” y hacer un ejercicio de introspección personal y de modificación de conducta individual. Pienso que cada uno a su nivel y en la medida de sus posibilidades ya lo está realizando. Es un proceso de reeducación cultural que pasa también por reconocer que deseas recuperar el polvo mágico de tu propia vida. Perdona que utilice esa metáfora que para mí es ante todo de las pequeñas cosas y sexy. Cuando tienes claro que de otro modo no vas bien ya estás cambiando algo. Es una decisión difícil porque hay mucha gente que no es capaz de levantar sus pilares vitales. Hay que ir poco a poco. No somos un país en el que haya un debate público en condiciones. El diálogo no existe. Estos años de cambio y crisis para mucha gente están impulsando una recalibración del tablero de juego y nos pone en duda, en primer lugar, a nosotros mismos.

Yo misma puedo entrar en el ojo del huracán y no sé como acabaré aterrizando, pero al menos me siento involucrada y por eso actúo. Esto atañe a críticos y artistas. El campo de juego cambia y ninguna posición o etiquetado anterior servirá sino es transformada. Lo más positivo y esperanzador es saber que pase lo que pase habrán soluciones y posiciones múltiples. Ese sujeto anónimo e incontrolable que es la sociedad sí tiene algo claro: su supervivencia.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

 

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Notas aclaratorias y fuentes

Estudio SANAA

Estudio SANAA. Funcionamiento de la piel de la ampliación del IVAM.

Primera aclaración necesaria: no soy economista.

Segunda nota aclaratoria: he manejado fuentes públicas.

Tercera nota aclaratoria: asumo, al pie de la letra y de cada número, los documentos que he analizado como formas de “contarse” la institución. Cierto es que haré una lectura impura de los balances contables auditados y que añadiré parte subjetiva pero TODOS  los datos que a partir de ahora citaré serán aquellos expresados por la institución.

Cuarta nota aclaratoria: Acepto mis limitaciones y posibles errores “contables” pero en lugar de la crítica aceptaría cualquier colaboración experta que pueda arrojar más luz sobre el asunto. Para ello, podéis usar el email de contacto que aparece en este blog.

Quinta nota aclaratoria: he podido contrastar que este ejercicio no ha sido realizado nunca con anterioridad. Hecho éste que me sorprende.

Fuentes consultadas: rendición de Balances Económicos e Informes Auditados anuales desde 1989 hasta 2012 del IVAM.

Localización de las fuentes: DOGV, Sindicatura de Comptes de la GVA, Consellería de Hacienda y Administración Pública.

NB.: Aunque hoy mismo se presentaba el Portal de Transparencia de la GVA me ha sido imposible encontrarlo.

 

Apuntes económicos de una fiesta

Un domingo tranquilo tras la Fiesta del IVAM. Lo mejor, la pluralidad de gente que llegó a la explanada. Mucha, para ser un día trufado de reivindicaciones.

Hubo que esperar. Eso dio tiempo a organizar las personas-letra, Graham repasó del derecho y del revés su intervención. Hubo gente que fotografió hasta la saciedad. A otros les dio más creativa e hicieron una excelente fotonovela twiteando. Mientras tanto, muchas eran las conversaciones que se cruzaban.

T R A N S P A R E N C I A   Y   A U D I T O R Í A

Los lemas que surgen concentrando el pensamiento colectivo son bien curiosos. Éste no encontró ningún impedimento sino una gran adhesión y consenso. Paso a explicarlo.

Ese día había muchas reivindicaciones en Valencia. Cualquiera un poco pendiente de los temas culturales había recibido muchas noticias sobre el IVAM, durante años, meses, días. Por cierto, aprovecho para recordar la última tendencia en muchas instituciones culturales valencianas: el director es un político orgánico. Vuelvo al tema, había un evento en las redes sociales y salieron varias previas en periódicos digitales y papel.

Leyendo la última semana de cábalas en los mentideros oficiales lo más sorprendente es la inercia de un pensamiento; bastante inmovilista y conservador. El punto de partida de muchas premisas es el de la consideración del IVAM como un museo porque tiene colecciones. Por cierto, más valdría que muchos revisaran los estatutos del IVAM para empezar a hablar con propiedad.

La colección es, creo, lo peor que le puede suceder a una institución cultural en estos momentos de profundo cambio. Cierto es que no hay nada como tener dinero para poder ir moviéndose por el mercado nacional e internacional comprando adhesiones a un proyecto museístico. Es como estar jugando en bolsa, si aparece un gran comprador llama la atención ipso facto.

Ahora bien, un gran problema de la colección es su mantenimiento. Año tras año hay que pagar alquileres de depósitos, sostener las condiciones de conservación de las obras, dedicar personal a su registro e inventariado, etc

Pero el problema fundamental es el lastre que significa  para cualquier proyecto que no sea el de un “museo standard”.  Sostenerlo económicamente significa tomar una decisión muy importante sobre el modelo de institución futura. Una decisión que no es neutra. Si sumamos los gastos de personal, el patrimonio inmueble, el seguro de las obras, estaremos ante un gasto general que hipoteca la maniobrabilidad de la dirección, del equipo y del proyecto. Además de estar gastando más de un 90% del presupuesto anual nos encontraríamos ante la incapacidad de proponer nada. Por esa misma razón, durante tres meses, no necesitan más que un técnico que siga pagando (cual presidente de comunidad de vecinos) las facturas.

Una auditoría, además de noticias escabrosas para la prensa,  sacaría a relucir las decisiones de gasto. Igualmente, es un paso previo absolutamente necesario e irrenunciable para cualquier profesional que quiera plantear un proyecto para el IVAM. Un concurso público sin una auditoría de cuentas previa queda completamente invalidado.

La auditoría es necesaria y urgente para iniciar una labor serena que empiece, en primer lugar, a alinear este presupuesto con los estatutos del IVAM y sus funciones. En segundo lugar, a entender que es necesaria una relectura urgente de aquellos estatutos originarios para traerlos al presente y plantear, quizás, un modelo institucional diferente.

Ciudad II- Tiene capas

Para tu información, una ciudad es más compleja de lo que la gente cree. Una ciudad es como una cebolla. Las ciudades, ¡tienen capas!

Este blog tiene un subtitulo rimbombante que ofrece una idea de mi acercamiento a numerosos objetos de estudio: las capas. No es solo Shreck quien hace alusión a esta metáfora. Algún  que otro pensador actual también la utiliza pero ya lo citaré más adelante.

Acercarse a la ciudad, a su experiencia, no puede ser nunca superficial. No puede serlo porque es una realidad-nodo: un concepto-imán. Muchas realidades, como Hamburgo o Gamonal, están sucediendo en las ciudades. Por precisar, Hamburgo, surgió en torno a la defensa de un Centro Cultural Autogestionado, el Rote Flora, que las autoridades querían desmantelar. Gamonal surgió por la lógica aplastante del día a día y del sentido común de una población que sabía perfectamente de los planes especuladores y privatizadores del espacio público.   Las ciudades están surgiendo como una realidad política diferente, como una calle o un barrio que sirve más como activador de una nueva forma territorial fuerte, de nuevo cuño. En las calles, cuerpos-ciudadanos empoderados, están exigiendo voz en la gestión de los asuntos que a ellos les afectan. Y esta afección se alimenta por una lato nivel de información compartida y un alto nivel de conectividad en redes igualmente complejas. Es así como la ciudad, y en especial, los barrios están resultando ser los altavoces de un cambio cultural brutal.

Volviendo a Richard Florida una de sus ciudades de estudio fue Miami (atención a la imagen de fondo utilizada en este link). También es la ciudad donde han sido invitados durante años políticos y asesores ávidos de copiar el “éxito” creativo de aquella ciudad.

Richard Florida impulsó ciertos conceptos como el de “clase creativa” asociado a diferentes índices como el índice bohemio”, el “índice gay” o el “índice de diversidad”. Su teoría sería que cuanta mayor concentración hubiera en un barrio o ciudad de estos índices mayor serían el desarrollo económico de esa zona. Plantea igualmente la inducción de este modelo como motor de regeneración urbana y , por tanto, de desarrollo económico.

Pero, en el fondo, lo que Florida busca son modelos de vida no hegemónicos. Y es curioso que ahora que nuestras sociedades están siendo rediseñadas, a fuerza de recortes, necesiten urgentemente impulsar aquello que han estado reprimiendo. Porque cuando se habla de diversidad y diferencia significa forzosamente un análisis crítico que en muchas ocasiones los “expertos” no estarán dispuestos a aceptar. Esa energía creativa no está considerada en su conjunto y en toda su pluralidad. Tan solo se selecciona aquello que puede entrar a cumplir el objetivo de “desarrollo económico” preestablecido.  Cuál sea este dependerá del tono final que se le quiera dar: amarillo (si bajamos salarios para innovar y ser competitivos a escala mundial), verde (si planteamos una visión ecológica de la ciudad) o quizás gris (-no existe pero me lo invento- si lo que queremos es acentuar los planteamientos tecnológicos). En cualquiera de estos casos y algunos más, imagino, no estaremos haciendo algo fundamental: observar nuestro tejido creativo sin a priorismos.