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Apuntes económicos de una fiesta

Un domingo tranquilo tras la Fiesta del IVAM. Lo mejor, la pluralidad de gente que llegó a la explanada. Mucha, para ser un día trufado de reivindicaciones.

Hubo que esperar. Eso dio tiempo a organizar las personas-letra, Graham repasó del derecho y del revés su intervención. Hubo gente que fotografió hasta la saciedad. A otros les dio más creativa e hicieron una excelente fotonovela twiteando. Mientras tanto, muchas eran las conversaciones que se cruzaban.

T R A N S P A R E N C I A   Y   A U D I T O R Í A

Los lemas que surgen concentrando el pensamiento colectivo son bien curiosos. Éste no encontró ningún impedimento sino una gran adhesión y consenso. Paso a explicarlo.

Ese día había muchas reivindicaciones en Valencia. Cualquiera un poco pendiente de los temas culturales había recibido muchas noticias sobre el IVAM, durante años, meses, días. Por cierto, aprovecho para recordar la última tendencia en muchas instituciones culturales valencianas: el director es un político orgánico. Vuelvo al tema, había un evento en las redes sociales y salieron varias previas en periódicos digitales y papel.

Leyendo la última semana de cábalas en los mentideros oficiales lo más sorprendente es la inercia de un pensamiento; bastante inmovilista y conservador. El punto de partida de muchas premisas es el de la consideración del IVAM como un museo porque tiene colecciones. Por cierto, más valdría que muchos revisaran los estatutos del IVAM para empezar a hablar con propiedad.

La colección es, creo, lo peor que le puede suceder a una institución cultural en estos momentos de profundo cambio. Cierto es que no hay nada como tener dinero para poder ir moviéndose por el mercado nacional e internacional comprando adhesiones a un proyecto museístico. Es como estar jugando en bolsa, si aparece un gran comprador llama la atención ipso facto.

Ahora bien, un gran problema de la colección es su mantenimiento. Año tras año hay que pagar alquileres de depósitos, sostener las condiciones de conservación de las obras, dedicar personal a su registro e inventariado, etc

Pero el problema fundamental es el lastre que significa  para cualquier proyecto que no sea el de un “museo standard”.  Sostenerlo económicamente significa tomar una decisión muy importante sobre el modelo de institución futura. Una decisión que no es neutra. Si sumamos los gastos de personal, el patrimonio inmueble, el seguro de las obras, estaremos ante un gasto general que hipoteca la maniobrabilidad de la dirección, del equipo y del proyecto. Además de estar gastando más de un 90% del presupuesto anual nos encontraríamos ante la incapacidad de proponer nada. Por esa misma razón, durante tres meses, no necesitan más que un técnico que siga pagando (cual presidente de comunidad de vecinos) las facturas.

Una auditoría, además de noticias escabrosas para la prensa,  sacaría a relucir las decisiones de gasto. Igualmente, es un paso previo absolutamente necesario e irrenunciable para cualquier profesional que quiera plantear un proyecto para el IVAM. Un concurso público sin una auditoría de cuentas previa queda completamente invalidado.

La auditoría es necesaria y urgente para iniciar una labor serena que empiece, en primer lugar, a alinear este presupuesto con los estatutos del IVAM y sus funciones. En segundo lugar, a entender que es necesaria una relectura urgente de aquellos estatutos originarios para traerlos al presente y plantear, quizás, un modelo institucional diferente.

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De la gestión cultural

Nunca he querido ser gestora cultural. Eso se lo inventaron por el camino y a mí me tocó ir aceptándolo poco a poco y nunca del todo.

¿Por qué? La respuesta es bien sencilla: aquello que se hace como gestora cultural no es nunca, realmente, gestión cultural. Se podría llamar de mil maneras: coordinación, asistencia, organización, “yoquesé”, …

En cualquier caso, hay un artículo “sesudo” en el que lo explico pero para los que no quieren perder el tiempo diré que considero que el espacio del gestor cultural es un lugar “tomado” por el marketing, los intereses políticos, la imagen institucional que se desea proyectar, la construcción  simbólica social y tantas otras cosas más.

Las primeras herramientas de una gestora cultural pública son las leyes (cosa que se olvida con demasiada facilidad). Las segundas son los procesos marketinianos que fueron escorando decididamente los objetivos de cualquier institución pública dedicada a la cultura. Suele diferenciarse entre el marketing estratégico y el táctico. Entre las decisiones estratégicas y aquellas decisiones técnicas correspondientes a tácticas es donde se dibuja el ambiguo y fluido campo de batalla de la gestión cultural.

Es en el análisis de las fuerzas que emanen de un espacio decisional a otro y al revés donde suelen aparecer reveladoras contradicciones.

ovejas

Esta foto siempre me ha encantado y hay una pieza-sábana-pancarta-obra-de-arte del maravilloso Robert Filliou que la haría más compleja:

“Es más difícil ser el número 81 que el número 1”