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LLAVES DE LAS CULTURAS. Una propuesta de encuentro para la reconstrucción cultural.

La página web de esta iniciativa muestra como primera imagen a una bailarina colorada volando por encima de las ruinas de una iglesia abierta. Si esas son las imágenes que articulan nuestra búsqueda sin duda no las vamos a encontrar.
Más bien, las encontraremos en las calles interrogándonos en nuestro caminar diario. Nos alcanzaran en medio de una plaza bailando. Las buscaremos en pequeñas iniciativas de bares y lugares culturales donde poetas, performers, escritores y actores nos sorprenden cada día. Las disfrutaremos en las redes que nos convocan cada día a lecturas de altísima calidad, a películas y webseries inmejorables y valientes. Las discutiremos y debatiremos en red y las compartiremos físicamente en cualquier encuentro.
La actividad cultural, en esta ciudad y en muchas otras es altísima y de gran calidad. En los últimos tres años la efervescencia cultural es apasionante como no se veía en muchos años. Por tanto, ¿que hay que reconstruir? ¿de que tejido se habla? ¿porque una tal incidencia entre lo público y lo privado? ¿porque la economía invade este encuentro?

El título del encuentro es sugerente pues supone que hay que “encontrar” las llaves de un cerrojo en el que anida oculto y cerrado un hecho adormecido. Esta comunicación tiene por objeto poner de relevancia que quizás el espacio cerrado no sea el de la cultura efectiva y compartida que ya sucede, ni el de la creatividad abrumadora que nos rodea sino precisamente el espacio institucional. Un espacio que produce y reproduce, a través de formas legales, procedimientos administrativos, imposiciones dinerarias y control político, una única manera de pensar y problematizar el complejo mundo cultural.

Me encuentro estos días debatiendo un texto esclarecedor con su autor, Santiago Eraso Beloki. Ese texto contrapone al concepto de industria cultural aquel que parece más oportuno, el de ecosistema cultural. Y esto principalmente porque ya vivimos una época de crisis en la que se les dijo a los trabajadores por cuenta ajena que podían ser autónomos, fueron los años 80 del siglo pasado. Ahora se habla de emprendimientos en la cultura pero, claro, se obvia que la industria cultural como tal no representa más que los intereses de unos pocos y curiosamente aquellos que conservan modelos obsoletos de negocios: la industria editorial y la del cine. Los demás creadores estarán sometidos, siendo réplica de lo que sucede en otros sectores, a la precariedad.
Algo parecido sucedió con la Ley de Propiedad Intelectual y la Ley Sinde. Recuerdo aquí dos contestaciones de aquel momento. Una, el artículo de Amador F. Savater, La cena del miedo en donde el autor hablaba de un encuentro alucinante. La otra el discurso de despedida como presidente de la Academia del Cine de Alex de la Iglesia durante los Goya 2011. Ambos fueron la apertura de la espita y su confirmación. Ambos ponían de relieve una realidad palpable desde hace años; el divorcio entre la realidad cultural y su “reconstrucción” oficial, administrada y tutelada.


Pero si nuestra comunidad tiene ya de por sí un perfil productivo tradicional de pequeños artesanos y pequeñas iniciativas ¿de que industria hablamos? ¿No deberíamos estar hablando de un ecosistema cultural? Pues, pensar solo en términos industriales coloca el objetivo y las soluciones solo en un fragmento de la vida cultural. En aquella que entiende la cultura como recurso y no tanto como derecho. Diría más pensando en David Harvey, de un derecho al uso.
Si pensáramos en términos de ecosistema abordaríamos con mayor amplitud de miras y necesaria autocrítica como respetar ese espacio simbólico común. Sí, sí, un espacio común, ni público ni privado. Si así lo hiciéramos podríamos plantearnos como ladear nuestra mirada. Podríamos mirar las prácticas culturales y artísticas reales para así reorientar la responsabilidad pública y política real. Un crítico de arte catalán lo comentaba muy bien hace unos días en prensa y en su facebook:

“Les administracions no confien en el teixit cultural; no entenen que la cultura es fa des de baix, no per decret; al meu entendre, la política ha de donar suport a la creació i al pensament, però “ella no ha de fer cultura”; ha d’afavorir sense intervenir; en comptes de mirar d’arraconar artistes, teòrics, crítics, etc. per mitjà dels protocols instituïts, hauria de fomentar el diàleg entre la creació, el pensament, l’educació i la societat. (…) Els símptomes són alarmants, de què serveix que a la universitat muntem programes de gestió cultural, de crítica d’art, de museologia, etc. per formar bons professionals si després la política reparteix càrrecs entre correligionaris de partit, còmics, hipsters i modernets? Us imagineu que a algun periodista mediàtic se li encarregués feines en el camp de l’economia o de la sanitat? El país tremolaria, però alguns pensen que el que fem nosaltres és fàcil.”
Y es que cuando las llaves estén dispuestas a abrir esos espacios quizás sean capaces de acometer las múltiples tareas urgentes como analizar económicamente quienes han sido los beneficiarios reales de las políticas culturales, a realizar políticas públicas respetuosas con las culturas emergentes, a reordenar los múltiples niveles administrativos, a revisar procedimientos obsoletos, a legislar en el presente y por el bien común, a desarrollar planes integrales, a exponer y consensuar su hacer político, a impulsar sin tutelar, a incorporar plenamente a los ciudadanos como hecho fundamental del hacer cultural. Eso sí ya no como clientes, ni como consumidores sino como sujetos-participantes, sujetos de pleno derecho.
Así, es cuando se podrá hablar de cogestión, de gestión comunitaria o de tantas otras opciones posibles. Mientras tanto podemos hablar de otra cosa pero no de cultura. Porque en el fondo lo que hace falta es hablar con un lenguaje, un marco simbólico y un relato mucho más moderno, mucho más potente, mas transgresor y sobre todo liberador.

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No hay un debate público en condiciones

Entrevista realizada por Jose Luis Pérez Pont en MAKMA.

Eva Caro se sitúa en el territorio de la gestión cultural crítica, voluntariamente indefinido justo por la necesidad de totalizar experiencias e hibridar relaciones. Ya no es tiempo de líneas rectas, pues la realidad nos impone constantemente caminos curvos que en algunas ocasiones se convierten en espirales de las que no siempre es fácil escapar. Tras una larga época de epopeyas y grandilocuencia social y cultural, se mantiene en los despachos cierta resistencia a los cambios que han comenzado y que afortunadamente la ciudadanía demanda. Como parte de esa necesidad compartida, queriendo contribuir al contribuir al debate público, comienza con esta entrevista una serie titulada “Líneas inesperadas” con el propósito de introducirnos de lleno en la realidad social y cultural del momento. Eva Caro desarrollará para MAKMA, viernes tras viernes, encuentros y conversaciones con agentes significativos de este nuevo mapa de cambio en ciernes.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

¿De qué forma pretendes abordar este panorama a través de “Líneas inesperadas”?

Es un reto. Justo en el momento en que las cosas más fluyen hay que dejarse llevar y sacar referencias o aquello que defenderías, aquello que te está interrogando y que considero debería formar parte de ese magma del cambio que va a haber. Algunas serán acertadas, otras no… pero me interesa mucho más ese recorrido y dejar esas huellas dinámicas durante cierto tiempo.  En ciertos niveles institucionales veo que hay inmovilismo o cierto grado de reformismo estudiado. Me interesa, precisamente en estas circunstancias, ponerme ese reto y veamos qué es lo que pasa.

La idea principal es conversar con diversa gente; pensadores, periodistas, frikis de la informática, personas involucradas en plataformas sociales y por supuesto artistas. Gente que está habitando lugares en los que a diferentes niveles hay cuestiones que considero deben abordarse. Y por otro lado, trenzarlos con conceptos y prácticas que están sucediendo fuera de nuestras fronteras de ciudad o comunidad. Aquí sabemos que habíamos vivido en un entorno de burbuja inmobiliaria, pero convivimos día a día con una burbuja cultural todavía más potente. Muchos nos preguntamos durante tiempo porqué razón la emergencia de nuevos conceptos, propuestas y prácticas culturales no reciben ningún tipo de interés y seguimiento por parte de la prensa cultural. Ni las líneas editoriales ni la precariedad lo explican.

 

¿Por dónde crees que va a llegar ese cambio?

De muchas partes. La línea que resulta clara y muy trazada es, sin duda, el 15M. Nos ha afectado a todos directa o indirectamente tanto si estuvimos involucrados como si no. La agenda de la  realidad y el hilo previsible de sucesos quedó roto y ya nada puede ser lo mismo. Para muchos fue la primera experiencia de lo político que habían tenido en sus vidas, para otros no. Hubo gente a la que la pilló pensando el cambio otros a quienes les sorprendió. Hay muchas posibilidades cruzadas, tantas como personas. ¿Hacia dónde? Temas como democracia, transparencia y una forma participativa de construir lo cultural son importantes.

 

¿Para este proyecto de entrevistas, “Líneas inesperadas”, has establecido algún tipo de pauta? ¿Cómo lo has planeado?

En un principio llevaba tiempo queriendo hacer algo pero debía medir las fuerzas y mi propia energía. Luego, soy muy autocrítica. Es fruto de un trabajo de revisión personal e investigación que se inició hace unos seis años. Me ha parecido oportuno concretarlo ahora en esta forma lo cual no quiere decir que sea el único modo. Además, recuperando  los dos aspectos de mi contestación anterior, una de las pautas decididas es una “exposición intensa”.

He intentado preocuparme de generar contactos y trayectorias. Para mí, hay gente importante dentro de la red de posibilidades. No las de la última moda sino que cuando interrogo a alguien le he estado siguiendo y esa persona para mi resuelve dos, tres, cuatro o cinco cuestiones que al entrelazarlas con otras entrevistas pueden ofrecer un relieve de conjunto “ensanchado y con espesura”.  Estos dos adjetivos ¡me encantan!

Por otro lado, hay gente aquí que está haciendo cosas que considero muy importantes. Ellos mismos están trenzados con interlocutores muy potentes a nivel nacional e internacional pero esta ciudad ha sido un desierto cultural en muchos sentidos. Eso es algo que la prensa y las instituciones tienen que hacerse mirar rapidito. Si este proyecto ayuda a que éstas reaccionen de otro modo lo consideraría un éxito.

Un detalle importante, la crítica especializada es óptima pero voy a mirar en otros muchos niveles. No acepto la sectorialización del mundo cultural. Me parecería un error quedarme en el supermercado de la cultura que me lo divide por secciones y estantes en música, películas, novela, poesía, etc. Preferiré quedarme con la bomba de placer e interrogación que hay independientemente de la disciplina. Lo que sí hago es organizarlo por dossiers que abordarán cada cuatro semanas más o menos un concepto desde diferentes lugares. Una persona no resuelve un problema. Para abordarlo mínimamente tienes que tejer con cuatro nudos mínimo. De momento, tengo pensados tres meses iniciales. Aprovecho, desde la oportunidad que me brinda esta entrevista, para invitar a otros agentes culturales que pueden resultarme invisibles a ponerse en contacto y desarrollar una conversación futura.

 

No sé si quieres que anticipemos algo en cuanto a los entrevistados…

Lo que sí quiero decir es que tengo una tendencia a mirar e interrogar procesos fuera de su presentación o inauguración. He vivido demasiado esos momentos y no me interesan.  Para eso ya están los cronistas en la prensa generalista y los opinadores en la prensa especializada. Entrevisto, por ejemplo, a un director de cine documental en el proceso de montaje, a un artista antes de la exposición o mucho tiempo después, a un músico fuera de escena,…

Por otro lado, salvo raras excepciones que considero justificadas, es gente que desarrolla su trabajo en nuestra ciudad o ha sido invitada a colaborar en ella a través de otros agentes culturales.

Quería añadir que normalmente en la historia las mejores ideas y aportaciones, no vienen de universos cerrados en sí mismos, sino de gente que trabaja en otro lugar, con otra perspectiva.

La especialización penetra más rápidamente en capas más profundas de lo real pero, en muchas ocasiones, son esclavos de esa profundidad, de esa verticalidad inversa. Al contrario, me he dado cuenta de que converso con gente que proviene de otros lugares: un periodista que está mirando la historia política, una filósofa que se ha acercado a los movimientos sociales, un abogado que acercándose a las prácticas culturales más contemporáneas revisa las formas de derecho y dominio público. Son siempre traslaciones. Son migrantes conceptuales. No hay nadie que pertenezca a un único lugar.

 

Durante este tiempo, ¿Qué opinión tienes del modelo cultural que hemos conocido?

Si nos centramos en Valencia, que es mi intención y donde vivo, es un modelo mecánico, con muy poco diálogo, sostenido por todo tipo de institución. Y cuando digo institución no solo hablo de museos, centros de arte, etc. sino de universidad, salud, formas de gobierno, etc. Ha sido muy compacto.

Teníamos un patrón de acceso y reproducción de la realidad que marcaba el único camino a seguir. Muchos querían llegar para ocupar el espacio simbólico que se estaba construyendo, participar y distinguirse. Hablando desde mi experiencia; diría en torno a 2008, ese modelo presentaba disfunciones graves pero ya hace más de un año que veo una máquina agonizante. Ésta era excesivamente previsible y muy anticuada, en las formas de hacer, de pensar, en los propios modelos de las instituciones y sus procesos. Había mucho lifting cultural que con las mejores intenciones carecía de energía y se reconstruía sin tener en cuenta la renovación intelectual de artistas, críticos y tantos otros agentes culturales de esta ciudad.

 

La Comunitat Valenciana ha ejemplificado el modelo del exceso, y los dos partidos que se han sucedido en el gobierno han establecido bases compatibles de espectacularización de la cultura, dedicando gran atención a los contenedores.

Claro, el papel de la cultura es el mismo. No importa mucho que sea un partido u otro ya que estarán de acuerdo. Hay ciertas políticas sociales que tienen muy claras y en las que desarrollan una aproximación genérica muy gruesa. Yo diría: ¿Qué síntoma tan enorme es que no hayan más espacios ni proyectos en estas políticas públicas que promuevan realmente la independencia y desarrollo de los creadores a todos los niveles? Los diferentes poderes ejecutivos, en los últimos treinta años, no han dejado oxígeno e independencia a la creación ni a la interrogación. Y en esto no existe diferencia. De los jóvenes urbanitas a la cultura popular, del amateurismo a la profesionalización, las relaciones han sido de apropiación y dependencia. No hay ningún rastreo de políticas públicas que problematicen esos lugares. No hay un ecosistema.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

¿Qué forma crees que debería tener una nueva estructura, que permitiera una mayor participación y un comportamiento más horizontal?

Primero, yo creo que no puede salir de una única cabeza pensante. Hay que hacer un ejercicio de generosidad por parte de los diferentes actores públicos que hay en el escenario de esas tensiones y ponerlas encima de la mesa para abordarlas en todos los niveles. De nada sirve mirar a una institución solo por la cara amable que muestra a la ciudadanía en estos momentos, sin ver sus otros dos hermanos mellizos: las cuestiones legislativas y administrativas o económicas. Hay que abordar todo eso de una forma global. No se puede pensar un modelo sin tocar el aspecto económico. Si se hace participativo o cogestionado en cuanto a contenidos debería ser también a cierta independencia en las cuestiones económicas.

Hemos oído hablar durante años de los presupuestos participativos pero lo más importante de aquello era el proceso de toma de decisiones públicas. Esos procesos deberían ser dinámicos, conflictivos, plurales y sometidos a continuo desarrollo. Pero esas decisiones son de imaginario y contenidos a la vez que de desarrollos legales, procedimentales y económicos. Esa es la mayor tarea de cualquier estructura. Y, claro, dirán que este planteamiento es idealista o utópico pero ante la situación que tenemos es la tarea más honesta y estimulante que vamos a tener que afrontar.

No son solo los contenidos sino las condiciones de producción, diálogo y debate que generen. Si no, llegaremos a fórmulas de cogestión para sostener el escaparate abierto. Los creativos precarios los llenarán con ilusión pero la cuestión de fondo habrá quedado sin resolver como una herida cerrada en falso.

 

A raíz de lo que dices, hay muchas infraestructuras públicas que prácticamente están cerradas o sin programación, y no se ofrece la oportunidad de que agentes culturales activos puedan participar dotando de contenidos. ¿Crees que es viable esa fórmula?

Yo no creo que sea ni siquiera una fórmula, en todo caso una fórmula defensiva. Hay que abrir el tapón que impide la emergencia natural de un imaginario colectivo diferente, en ello incluyo música, cine, etc. No me quedo estrictamente en el arte contemporáneo. Si lo observamos, tenemos una ciudad que prohíbe, por ejemplo, ir en patines. ¿Como creemos posible que la misma ciudad coercitiva nos “deje” un espacio público para que lo llenemos con contenidos que luego le serán contrarios? Entrar en cogestión lo es a todos los niveles.

 

¿Qué quieres decir?

Que hay un reparto del presupuesto. Hay una legislación a actualizar en diálogo. Eso implica empezar a reconocer a sujetos sociales diferentes, como por ejemplo, colectivos. La legislación española, desde 1978 y en la actualidad, no reconoce otras formas organizativas que no sean la asociación, las empresas y los autónomos. Esto es muy importante porque la realidad es que la mayoría de manifestaciones artísticas y culturales funcionan por colectivos o plataformas. Hay una lentitud legislativa natural; pues la legislación siempre actúa por detrás de los desarrollos sociales, pero esto no explica totalmente el inmovilismo generalizado. Ha sido más bien un método defensivo, cómodo y conservador que materializa una continuada resistencia al cambio. Esto es urgente porque es necesario. Significa hacer el ejercicio íntegro de incluir sujetos de interlocución múltiples si se quiere iniciar una buena conversación.

En ese sentido, por ejemplo, están surgiendo nuevos enfoques de análisis que me parecen muy interesantes. El cambio de enfoque sería no tanto mirar la institucionalidad en sí misma como comprobar el grado de “extitucionalidad” que produce.

 

¿Que opinión tienes de las iniciativas colectivas en el ámbito valenciano?

Pues tengo una opinión a diferentes niveles. Conozco bastante de los colectivos artísticos, no de todos por supuesto ya que es imposible que conozca todos. Hay investigadores que junto a otros colaboradores han realizado un trabajo formidable de mapeado de los últimos treinta años. Los análisis nodales que han desarrollado son muy interesantes ya que explican muchas dinámicas. Una de ellas, quizás la más fuerte, es la efervescencia, temporalidad y mutación concatenada que permite la inclusión de gente más joven con otros perfiles. La otra tendencia fuerte es la decisión voluntaria de algunos grupos de permanecer invisibles, que es absolutamente respetable. Estos espacios, en concreto, creo que son repositorios de creatividad y son importantísimos.

Por otro lado, en el mundo de la música, por ejemplo, y del teatro, estoy viendo que se están uniendo porque se han dado cuenta de que solos no pueden caminar. Es inviable la individualidad. Veo una gran concentración del mundo de la música y de las artes escénicas y el audiovisual, cosa que no veo en arte. Y me preocupa.

 

¿A qué crees que se debe?

Hay muchas razones. Las prácticas artísticas no están obligadas a colaborar intensamente con los demás, por ejemplo, un músico si quiere hacer música y subirse a un escenario, necesita trabajar con otros músicos; arreglista, voz, técnico de sonido,..Es decir, desarrollar en equipo. Cuenta también el grado de exposición. La escena es una producción intensiva. Es decir, cuantos  más “bolos” mejor. El artista trabaja en múltiples propuestas, cada vez más, pero su grado de exposición es muchísimo menor. El roce continuado en equipo y en “bolos” hace que sean procesos de mejora continua. No son planteamientos teóricos, que los tienen sin duda, sino una mejora e investigación en la práctica. Creo que aprenden más rápido y eso es la base.

Los artistas contemporáneos y algunos críticos, desde 2008, se han ido uniendo con el esfuerzo de muchísima gente. Pero no veo ningún lugar, como sucede con la música, en el que digan: “vamos a generar un laboratorio común”. Frente a los músicos tienen más grado de dependencia y menos confianza. Su dependencia les hace estar en un registro oculto de competitividad.

 

¿Cómo ves el panorama de la comunicación y la vicisitud del soporte papel? ¿Qué ha supuesto la transformación tecnológica del sistema de diario y periodismo con la llegada de nuevos dispositivos y soportes, pero también de nuevos usos y hábitos?

Hace diez o quince años los periódicos reaccionaron muy mal, no lo quisieron tener en cuenta. Hace cinco años la introducción de las redes sociales lo ha ido cambiado todo. Esas cápsulas de información estáticas que aparecían en la blogosfera han desarrollado un gran dinamismo por medio de redes sociales porque las compartimos, las comentamos, volvemos a ellas. Esto es así. Tienen muchísima más repercusión.

Por otro lado, las grandes cabeceras en prensa nacional han sido reestructuradas a golpe de ERE. No sé si adecuadamente. El periodista había ido perdiendo su función con los años orientándose cada vez más al cronista. Hay muy poco periodismo de investigación, de hecho se ha hecho en blogs de gente que ha sostenido la crítica literaria y artística, gente que ha sido ensombrecida y enmudecida. La prensa comercial ha tenido oportunidad de generar nuevas redes pero no lo ha hecho. Ahora hay una enorme competición. Periodistas de cabeceras oficiales que han sido apartados se han tenido que montar su propio medio. A mí me parece que son más interesantes aquellos medios que hace unos dos años surgen como una comunidad de bienes o cooperativas, con el deseo expreso de volver a hacer periodismo.  Últimamente, el periodismo digital de click surge como un nuevo modelo de negocio. Se nota mucho en los titulares. Viven del morbo y la sensación, pero el cuerpo informativo es luego contradictorio, generando confusión informativa. Hay ya muchos malos ejemplos. Los que viajamos mucho por Internet lo vemos.

Luego, creo que hay iniciativas que pasaron mucho tiempo como carteleras de ocio y cultura y han hecho un papel muy bueno. Gente como Verlanga, JotDown o Yorokobu, están haciendo cosas interesantes. Hay una renovación también en el formato papel de amantes del cómic y dibujo. Es un fenómeno muy interesante que hace que la realidad se pliegue sobre sí misma. Justamente, ¡en medio de la crisis del papel nacen las mejores publicaciones en papel!

 

Seguramente la gran revolución que se está produciendo es la de un cambio de conciencia personal. La gente ha llegado a un punto en el que la realidad le supera de tal manera que no soporta por más tiempo esa farsa, por lo que tomando conciencia aplica cambios reales a su vida. Los cambios comienzan por uno mismo.

Claro, de hecho hace dos años los españoles echaban la culpa a los políticos. En España somos unos grandes gestores de la culpa. Somos especialistas. Endosando la culpa al primer bicho que camine soslayamos la resolución del conflicto y del debate. Nos instalamos en la indignación y soslayamos la parte de la solución que nos compete. Hay una diferencia fundamental entre las culturas de inspiración católica y aquellas protestantes en este sentido. Pero si queremos resolver esta crisis no sirve apuntar con el dedo al culpable sino ponerse “en el rincón de pensar” y hacer un ejercicio de introspección personal y de modificación de conducta individual. Pienso que cada uno a su nivel y en la medida de sus posibilidades ya lo está realizando. Es un proceso de reeducación cultural que pasa también por reconocer que deseas recuperar el polvo mágico de tu propia vida. Perdona que utilice esa metáfora que para mí es ante todo de las pequeñas cosas y sexy. Cuando tienes claro que de otro modo no vas bien ya estás cambiando algo. Es una decisión difícil porque hay mucha gente que no es capaz de levantar sus pilares vitales. Hay que ir poco a poco. No somos un país en el que haya un debate público en condiciones. El diálogo no existe. Estos años de cambio y crisis para mucha gente están impulsando una recalibración del tablero de juego y nos pone en duda, en primer lugar, a nosotros mismos.

Yo misma puedo entrar en el ojo del huracán y no sé como acabaré aterrizando, pero al menos me siento involucrada y por eso actúo. Esto atañe a críticos y artistas. El campo de juego cambia y ninguna posición o etiquetado anterior servirá sino es transformada. Lo más positivo y esperanzador es saber que pase lo que pase habrán soluciones y posiciones múltiples. Ese sujeto anónimo e incontrolable que es la sociedad sí tiene algo claro: su supervivencia.

Eva Caro. Foto: Patricia García Carbonell.

 

Notas aclaratorias y fuentes

Estudio SANAA

Estudio SANAA. Funcionamiento de la piel de la ampliación del IVAM.

Primera aclaración necesaria: no soy economista.

Segunda nota aclaratoria: he manejado fuentes públicas.

Tercera nota aclaratoria: asumo, al pie de la letra y de cada número, los documentos que he analizado como formas de “contarse” la institución. Cierto es que haré una lectura impura de los balances contables auditados y que añadiré parte subjetiva pero TODOS  los datos que a partir de ahora citaré serán aquellos expresados por la institución.

Cuarta nota aclaratoria: Acepto mis limitaciones y posibles errores “contables” pero en lugar de la crítica aceptaría cualquier colaboración experta que pueda arrojar más luz sobre el asunto. Para ello, podéis usar el email de contacto que aparece en este blog.

Quinta nota aclaratoria: he podido contrastar que este ejercicio no ha sido realizado nunca con anterioridad. Hecho éste que me sorprende.

Fuentes consultadas: rendición de Balances Económicos e Informes Auditados anuales desde 1989 hasta 2012 del IVAM.

Localización de las fuentes: DOGV, Sindicatura de Comptes de la GVA, Consellería de Hacienda y Administración Pública.

NB.: Aunque hoy mismo se presentaba el Portal de Transparencia de la GVA me ha sido imposible encontrarlo.

 

IVAM, economía y expolio.

Hace ya un tiempo que no escribía. No soy una máquina y como cualquier labor absolutamente libre, voluntaria y personal estoy sujeta a una natural y universal ciclotímia. Otra forma de decirlo menos guasona e irreverente conmigo misma sería la de explicar que he estado muy reconcentrada este último mes.

Pensar en abstracto cambios institucionales ha sido labor silenciosa y oculta que me ha llevado entretenida en el hilo de la vida estos últimos tres años. Comprobar como aquello que parecía imposible, incluso indecible se va convirtiendo poco a poco en natural  ha sido fascinante y seguirá siéndolo, por supuesto. Comprobar los cambios, mutaciones y derivadas que me incluyen a mí misma y a los otros manteniendo la serenidad expectante, calma efervescente y generosidad exigente que requieren estos tiempos sigue siendo una labor fascinante.

Pensar sin interlocución no tiene sentido, no en estos momentos. Calcular estrategias y tensiones tampoco es mi opción ya que ello implicaría entrar en un campo controlado con un juego preestablecido.

Como decía recorrer diferentes niveles de la cultura sin prejuicios, reconocer interlocutores en sentido amplio e investigar a conciencia terrenos poco glamourosos e incluso arduos ha sido lo que me ha mantenido bastante entretenida estos tres últimos años y, en concreto, este último mes.

Y es que, cuando mi interrogación se ampliaba emergió el IVAM y su concurso internacional. Es obvio que conocí y disfruté a mi manera entonces los inicios de aquella institución pero en estos momentos tan solo me interesa como caso de estudio.

Desde hace más de un mes para mí el IVAM se ha convertido en un caso concreto en donde tocar tierra, delimitar parcelas, debatir y realizar un ejercicio de cata en profundidad; un necesario ejercicio de arqueología del presente.

He dedicado las dos últimas semanas a un estudio en profundidad de la realidad económica del IVAM. Recorrer 25 años de institución a través de sus cuentas públicas ha sido muy interesante. La institución “se cuenta” de maneras diferentes.

Iniciaré a partir de hoy y hasta el viernes que viene una serie de artículos que darán cuenta de diferentes aspectos sustanciosos. Intentaré que sean lo más ameno posible pero acepto mis limitaciones y lo árido, aunque a la vez interesante, de la temática.

Me gustaría que estos sirvieran en primer lugar como mediadores eficaces de una realidad que debe ser de público conocimiento, en segundo lugar para que las cartas del juego que están escondidas se ventilen y pongan encima de la mesa y en tercer lugar para que sirvan de orientación a buenos profesionales, candidatos eficaces a una dirección que deberían conocer esta información. Y, en cuarto lugar, para que el “buenismo desnortado” que también parece emerger con soluciones vibrantes no lo haga sin enfrentarse a la solución de problemas concretos y a un necesario reconocimiento de voces plurales que merecen todo nuestro respeto. Ahondar en la desmemoria es mala carta de presentación para un objetivo común como bien queda claro en el artículo que Álvaro de los Ángeles ha publicado hoy mismo.

Toca arremangarse la camisa…

http://www.zappinternet.com/video/navHniLluK/Como-Mantener-las-mangas-de-la-camisa-enrolladas-sin-que-se-caigan/

 

“No pienses que es un museo”

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El IVAM no es un museo.

He tratado este tema tangencialmente en escritos anteriores. Concretamente, en Instituir el cambio y Apuntes económicos de una fiesta. Pero me resulta necesario abundar. Efectivamente, utilizo para este post la obrita divulgativa de George Lakoff titulada originalmente como:

Don’t Think of an Elephant: Know Your Values, Frame the Debate 

Y la utilizo porque me sirve como primer apuntalamiento teórico que pueda trasladar y reenmarcar, con cierta sencillez,  un debate más amplio: un debate de modelo institucional.

Así, en las últimas semanas, he comprobado que hay un amplio y vago consenso en considerar el IVAM como museo, a plantear ese concurso público en ciernes desde esta premisa, a comprobar que diferentes líneas editoriales describen bastante conocimiento general pero reproducen  sin ambages este concepto o que incluso éste sea totalmente asumido por personal especializado del propio centro. Curioso.

Cualquiera puede revisar su Ley de Creación y comprobará que su definición es la de otro tipo de institución cultural: un Instituto. Ciertamente, se objetará que el artículo 18.2.b habla de “colecciones museísticas” y de “funciones museográficas” pero no forma parte constitutiva de su total definición sino más bien como una de sus funciones.

El IVAM es un Instituto.

El proyecto original del IVAM estaba compuesto por la sede actual, dedicada a las colecciones, y otra sede, el IVAM-Centre del Carme con funciones expositivas más innovadoras. El conjunto funcionaba con dos motores. Una sede estaba dedicada al estudio y la contextualización de las colecciones ligadas a las vanguardias artísticas. Recuperando a Julio González y transitando a lo largo de diversos movimientos de vanguardia ésta constituía la espina dorsal de una institución. La otra, el Centre del Carme, investigaba propuestas artísticas del presente que, enlazando con las colecciones de vanguardia, permitieran dar coherencia a ambas pero también entrever apuestas y retos futuros. El proyecto del IVAM era una realidad dinámica. Ese y no otro fue el principio fundador de su prestigio.

Ciertamente, la función fundamental del IVAM se entiende en un momento histórico claro, de estructuración de la Generalitat Valenciana y de su política cultural, como puede observarse en el preámbulo de la misma ley.

Sin embargo, la degradación mediante desnaturalización de aquella institución orientó sus pasos hacia la eliminación de los aspectos más vitales y dinámicos de ésta. Reduciéndola a su mínima expresión, a la forma solidificada y estática, como institución cultural y a la forma más reduccionista e inerte que puede desarrollar cualquier museo. Me explico.

La primera operación fue de cirugía a partir del año 2000 se extirpó radicalmente el Centre del Carme de ese proyecto inicial. En 2002, Vicente Todolí,

(…) insiste en la importancia de conjugar tiempos pretéritos con la expresión contemporánea para estimular a ésta, por lo que concluye que la futura ampliación del IVAM no sustituirá la función de las dos salas de El Carme, quebrándose el modelo original. 

La segunda operación fue paralela, “rellenando” física y conceptualmente el Convento del Carmen con el arte del siglo XIX. En cualquier caso, el viraje hacia un pasado más remoto reforzaba el aparcamiento y la marcha atrás definitiva de la anterior política artística y cultural valenciana. Mientras tanto, se inauguraba un nuevo ciclo en la política cultural valenciana que aliada con el interés turístico había encontrado como nueva razón de ser una nueva ciudad: CACSA.

Recopilo. En tan solo diez años se había instalado, por la vía de los hechos, una nueva estructuración del espacio simbólico en la ciudad con dos grandes objetivos. En primer lugar, eliminar el acercamiento público a los retos del presente, siempre conflictivo.  En segundo lugar, apalancar una gran substitución con la creación de una ciudad de arquitectura poderosa que no dejara lugar a la duda.

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La sede del IVAM restante siempre contó con un proyecto de ampliación. Proyecto que visto veinte años más tarde, con otra sensibilidad y otras circunstancias, debiera ser variado. Su influencia en la fisonomía del barrio del Carmen era enorme y no puedo pasar por alto la observación de que quizás el mayor reto de un proyecto coherente sea precisamente la forma de abordar este  solar. Ahora bien, cierta parte de ese proyecto de ampliación fue retomada por los dos últimos directores del IVAM. Impulsados por una política de acumulación de colecciones, el primero”al capricho” y la segunda “al peso” hicieron caer a la institución-dinámica definitivamente en su forma museo-almacén.

Este divertimento, medio ejercicio de memoria y experiencia personal medio documentadome sirve para recolocar el debate sobre el nuevo director del IVAM en su lugar. Aceptar el inicio de cualquier discusión futura sobre una falsa premisa me parece aberrante. Especialmente en estos días, cronistas, opinadores y especialistas deberían cuanto menos contrastar las fuentes empezando por las que aquí se citan. De igual modo, estas fuentes deberían guiar la elección de ese director o directora pues no es lo mismo hacerse cargo de la relectura de una institución cultural dinámica con amplísimas funciones por desarrollar que de un museo-zombi. No es lo mismo y por eso se pide “UN NUEVO IVAM”

Vuelvo a repetir. El IVAM no es un museo. 

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 …PUEDE SER ALGO NUEVO

Tancament amb pany i forrellat

El próximo 21 de enero estaré en la presentación del libro “Un esforç més / Un esfuerzo más” del colectivo Espai en Blanc recientemente editado por Edicions BellaterraUN ESFORÇ MÉS / UN ESFUERZO MÁS

Un grupo de gente bastante heterogénea nos juntaremos a hablar, presentar y debatir junto a Marina Garcés su contenido y las posibles correlaciones con la situación valenciana. Más tarde, Joan Fontcuberta, iniciará una mesa de debate.

He estado leyendo el libro y pocos han sido los escritos que he pasado de largo pero más allá, Rafael Tormo, me ha pedido que escribiera una pequeña presentación o más bien reflexión para poner en común. Igual que los demás imagino que estoy en proceso de “amalgamado” que es el más creativo y el menos sólido. Mientras escribo estas líneas estoy en línea a través de las redes con bastante gente. Y porque hay mucha gente y muchos pensamientos pongo en común aquí los míos para ver si con algunas aportaciones de aquí, de allá y de acullá consigo algo más…adecuado.

Tancament amb pany i forrellat

El libro se prepara como respuesta al acto y estrategia política marcada desde el Govern de Catalunya y emerge en pleno fervor del independentismo catalán que como un paracaídas abraza, al menos teóricamente, a toda la sociedad catalana. Sin embargo, esta publicación surge de un contexto que viene de más lejos y de más profundo. Enraizado como está, a través del propio colectivo y sus orígenes, en el combate del pensamiento y en los movimientos ciudadanos.

Intento resaltar el hecho que un espacio tal esté apoyado en una línea de pensamiento que se activa y está en alerta ante lo real.

Llegada a este punto planteo mi posición y esta es la de resaltar como la política profesional ejercida desde el poder gubernamental utiliza un concepto político para cerrar las emergencias sociales que les podían poner en peligro.

Efectivamente, a poco que hayamos estado un pelín atentas a las numerosas organizaciones de personas que desde la heterogeneidad han estado intentando “abrir el melón” de nuestras formas de vida en común, justo en ese momento surge la palabra que lo envuelve todo o la puerta que se abre para algunos. Sin embargo, ese marco de puerta no responde al debate real. Este va mucho más allá y por ello considero que el tema del independentismo es un reenmarcado que a la superestrurctura le viene bien para evitar el debate de fondo. Aquel que pretende una crítica a las formas estatales y a las viejas formas de hacer política frente a otros planteamientos políticos que recorren nuestras sociedades, no solo la catalana.

En cuanto a esta cuestión entiendo que:

– En esta lucha “estatalista” queda claro que las consultas democráticas no existen o mejor no se le dan cabida. Comprobamos así todas las ciudadanas la pérdida (si alguna vez hubo tal posibilidad) de uno de los pilares fundamentales de la democracia: el disenso y la consulta.

– Que desde un punto de vista geopolítico esa “ruptura” es también un “yo me bajo de este barco” con respecto a las políticas represoras y retardatarias del gobierno marianista.

– También considero que no todos los apoyos al independentismo son homogéneos sino que existe un proyecto político más profundo que se mueve bajo el paraguas y que espera su oportunidad para emerger.

– Que volviendo a la sociedad sea ésta catalana o no, hay fuerzas políticas mucho más importantes que renovadas totalmente se están movilizando con visiones de organización política que superan ampliamente a las “estatalistas”. En ellas la lucha es por unas condiciones de vida digna. Por tener vidas que merezcan la pena ser vividas.

Estas serán mis aportaciones desde una mirada periférica, desde un territorio bastante distinto, pero que en el fondo mantiene en común con el anterior la corrupción de viejas formas organizativas y su lenta disolución.

Más bien, creo en la brisa corriendo en las calles y entre los cuerpos. Allí es donde están surgiendo miradas y palabras nuevas que deseo profundamente tengan la oportunidad de florecer: desbordando puertas y “propiedades” abandonadas.