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Entrevista a Guillem Martínez (versión castellano)

Es periodista, escritor y ensayista. Es guionista de series satíricas como Polonia de TV3. Ha escrito libros como Pásalo, La Barcelona Rebelde, Franquismo-Pop, etc. Hablando con él notas rápidamente que la escritura y la crítica literaria son las fuentes a partir de las cuales se nutre su red referencial primera.
Ha mantenido un blog durante dos años y ha coordinado el libro La Cultura de la Transición. Crítica a 35 años de cultura española. Es alguien pegado a la actualidad y que interroga el entorno de cambios a su alrededor.
Muchos pensadores lo han explicado de otras maneras, pero su manera de etiquetar nuestra realidad cultural y social forma parte de un diccionario fundamental del cambio.
Es ya, entre muchos, escritura y visión de ruptura totalmente naturalizada. Hacia el mes de noviembre estará en Valencia invitado para intervenir en unas reuniones en torno a la prensa. Será una buena ocasión para conocerlo de primera mano.

Imagen extraída de la entrevista en Mecánica del Muro

 

¿Cual es el inicio del concepto CT o Cultura de la Transición?

Hice un libro que se publicó el año 2000. Se llamaba Franquismo-Pop y coincidió con el 25 aniversario de la Feria del Franquismo.

Era un libro en principio como tenía que ser: muy poco programático. Era una antología de autores, con diferentes autores y generaciones hablando del franquismo. Los más viejos eran Montalban, Mendoza y otros entonces más jóvenes como Casabella, Jordi Costa, David Trueba y Toni Àlvaro. Entonces,hice un prólogo cogiendo como referencia los libros oficiales sobre los 25 años de publicaciones culturales, Pablo Fussi, José Carlos Mainer y toda esta gente. Fue un clic. Observé que había una coincidencia con la realidad. Comprobé que empezaba, en mi oficio de periodista, a tener serios problemas con el límite de lo que es posible explicar. Hice un pequeño prólogo y esto es el origen.

¿A partir de allí como desarrollaste este concepto?

De momento lo dejé descansar. De este libro no salió ninguno reseña. Me di cuenta que había tocado un límite pero no sabía vertebrarlo. Coincidió con un momento de crisis profesional y decidí hacer un master. Y este master lo tenía que hacer yo porque no existía este tema y estuve un par de años haciendo un blog-diario sobre cuál es el límite de la cultura española, en que consiste y aquí me encontré con mucha gente. Invitaba a gente al blog a realizar debates como Constantino Bertolo, Ignacio Echevarría,…y dimos con esto, con esta cosa.
En principio, la génesis de todo esto era muy literaria. Era, intentar entender porque no podían haber críticas de literatura española determinadas que no fueran como las que ya había. El final de todo esto es muy diferente. Es o psicología social o historia de las mentalidades. Es encontrar los males culturales españoles que pienso que han sido válidos hasta hace poco, pero que ya no lo son.

Precisamente, quería preguntarte sobre la validez de la CT en la actualidad pero antes me gustaría que habláramos del caso Echevarria. Fue bastante sonado y lo despidieron del periódico precisamente por una reseña concreta.

Sí, lo despidieron. Lo más curioso fue la explicación que dieron:

“La cultura española ha dejado de ser hace años un arma de destrucción masiva”. Esto es lo que te explica la CT.

No es un arma, la cultura. Es una banda sonora del ascensor que viene a dar la razón a un Estado.

Ahora precisamente ha salido un libro de Luisa Arena Delgado que recomiendo y que se llama La nación singular. Fantasías de la normalidad democrática española. En él habla de un fenómeno que está pasando y es que la universidad española no existe; ha muerto. Ha muerto por el Estado.
Es una cosa muy nueva y muy única. De golpe, una universidad que era un hecho original de conflicto cultural en España pues no lo es y se está creando esta universidad también a lo USA, en Francia en cierta medida. Esta chica de la Universidad de Illinois viene a plantear el hecho español como el Estado político que más inversión cultural y violenta ha hecho en los últimos 200 años. Y es cómo para plantearnos, el porqué hay que invertir tanta cultura en un Estado que seguramente no queremos nadie.

Y tú, ¿has tenido problemas en tu vertiente periodística?

Sí, pero todo se cuantifica por la CT. Todo es “este tio es un friki” o “se está mirando el ombligo”. Por ejemplo, saqué un libro sobre el funcionamiento cultural del 11M que vendió 10.000 ejemplares y no está mal, sin ninguna reseña.
Cuando en esta Cultura de la Transición optas por otras vías culturales que, alerta; pueden ser aburridas, tienen que ser sometidas a cualquier crítica cultural también. Pues es una patología o eres un rencoroso o eres un “solterón”,… Pero siempre por algún tipo de patología. Parece que es alguna enfermedad psiquiátrica o un aspecto personal como el heroísmo. ¡Es tan meritorio no volverte rencoroso! Precisamente, hablar de todo esto es muy positivo. Da mucha vidilla. Tengo un amigo, Xavi Calvo, un escritor muy bueno en castellano que un día hablando de la CT dijo: “En España hay un rollo que si quieres entrar en la CT tienes que envejecer 30 años”

En otras entrevistas comentabas que La CT se sostiene sobre tres conceptos fundamentales; unidad, cohesión y estabilidad. ¿Has encontrado en este sentido alguna confirmación últimamente?

Sí, ahora de manera instintiva vamos encontrando papeles que lo demuestran. El informe Huntington de los años sesenta que informa de los cambios necesarios en España y la construcción que tiene que tener y que coincide bastante con la Constitución que tenemos. Explica que para hacer una transición democrática en España tienen que haber unos cuántos cambios y algunos de ellos son culturales. Recuerdo uno ahora mismo que dice que hay una tendencia en España por la que los periodistas se sienten propietarios de su trabajo y esto lo tenemos que evitar. Esto es un cambio cultural y se ha hecho. Básicamente, el punto de partida de todo esto de la CT es que en un momento de inestabilidad y de azar como es la Transición las izquierdas sólo tenían dos capitales. Uno es la calle y la otra era la cultura, con un dominio hegemónico de la cultura y dieron esto al Estado a cambio de participar en la negociación. Entonces, la cultura pasó de ser una herramienta de movilización e incluso de problematización a ser precisamente lo contrario: una herramienta para desproblematizar.

Imagen extraída de la entrevista en Mecánica del Muro

Hemos hablado hasta ahora de los aspectos fundamentales de la CT, sus orígenes y desarrollo histórico pero me gustaría que intentáramos juntos bajar todavía un poco más y que habláramos de cuestiones más concretas. Quizás no tanto de Estado como de ciudad o de barrios. Por ejemplo, has hablado de cultura y calle, en Valencia hubo un movimiento muy fuerte precisamente en los años setenta que se llamó Cultura al carrer.

Pues, no lo conocía.

Quizás aquel estallido murió por dos vertientes. La primera porque los líderes naturales de los barrios que movían todo aquello estaban más por el bienestar y el desarrollo social ligados a la cultura y la otra por la construcción de equipamientos como las Casas de Cultura. Lo que pasó es que introdujeron a aquellos líderes naturales en las Casas de Cultura ya construidas y había que gestionarlo. Aquí entramos en el territorio de la gestión que estaría, a lo largo de los años, filtrando y administrando la CT. Mi pregunta es: ¿Crees que la gente era consciente?

No, la gente no era consciente. Yo creo que efectivamente había una idea de bienestar muy nebulosa. Se pensaba que la sanidad, la enseñanza tenían que formar parte del Estado, y de una manera muy instintiva y gratuita se puso la cultura. Y la cultura distribuida por el Estado es una pesadilla. Se hizo y supongo que con cierta buena intención desarrollando la cultura como derecho. Pero en el fondo es el dominio del Estado por parte de la cultura y es una apuesta absoluta que pocas culturas europeas han hecho. Aquí toda cultura era Estado, hasta hace poco. Y no sólo es el “Estado malvado”, también se tiene que decir que las apuestas culturales de las izquierdas, en aquel momento, fuera del Estado, eran muy aburridas. También murieron de aburrimiento. No eran “sexys”.
He estado estudiando el rollo anarquista en Barcelona en los 70. Murieron por aburrimiento. Era una cultura muy moralista, muy circular, muy previsible. Empezó a hacer los deberes pero no los acabó.

De aquel momento en Barcelona conozco el movimiento de las radios libres…

Sí, y el vídeo libre. Pero precisamente el vídeo libre fue una metáfora porque pidió una subvención y no se la dieron, hacia el 78. Y también todo lo que eran fanzines y revistas que eran cojonudas, pues, tengo la sensación que al final eran muy aburridas. Es una sensación pero no lo he investigado.

También tendríamos que hablar de una revista fetiche, Ajoblanco, pero en cuanto a experiencia personal, aunque muy colateral, recuerdo más la distribución de pelis independientes que se hizo en los años 80. Gente que estaba en Barcelona lo organizaban con una furgoneta.

Sí, es importante Ajoblanco porque es importante la cultura libertaria porque yo creo que en aquel momento era la única que podía “dar la campanada”.

Todo lo que era de los PCs se fusionó con la CT muy rápidamente. De hecho, hay una anécdota divertida. En Barcelona hubo un combate cultural muy bestia entre dos instituciones. Una era la Asamblea de Actores y Directores del Espectáculo y la otra la Asamblea de Trabajadores del Espectáculo. Una marxista, la primera, y una libertaria que era la segunda. La segunda opción izo el primer GREC que es una temporada de teatro. Ocupó salas. Aunque he sabido que algunas se alquilaron y también mola saberlo.

Aquello cambió toda la fisonomía teatral de la ciudad, de la cual vive todavía Barcelona. Finalmente, la asociación libertaria no pudo más y desapareció porque entraron otras dinámicas: el municipio y el Estado. Y aquí viene lo bueno. Los primeros técnicos culturales de los municipios venían todos de la asamblea marxista.

Y, ¿crees que toda esta gente, todos estos técnicos, son los que han hecho el tapón generacional?

Al principio lo veía pero ahora no. Ahora pienso que es un tapón cultural. Da igual la edad que tuvieras mientras compartieras estos puntos de vista. De hecho, esto es una cosa que decía Ignacio Echevarria, aquí cuando se moría un intelectual orgánico había otro clónico que nacía en su lugar.

No hay que tener una gran personalidad ni unos grandes puntos de vista para la cultura de Estado, no tienes que ser muy brillante. Tienes que dominar los puntos y de hecho este es el drama. Tenemos un “staff” cultural de escritores que son esto: okupas.

Escritores que ocupan lugares que no les corresponden. Al menos no por su obra sino por su obediencia. De hecho, la obra de toda esta gente desaparecerá. Cuando muera esta gente desaparecerán porque no hay obra. Bueno, sí, está Marías que sí que quedará. Está Bolaño que también quedará. Ninguno de ellos me atrevería a llamarles CT en ningún momento.

¿Porque crees que una parte tan grande de otras generaciones y profesiones de la cultura, más jóvenes, continúan intentando reproducir los mismos esquemas culturales, en las formas de escribir, de decir, etc.? ¿Porque intentan entrar dentro de este espacio?

No lo sé. Pero es que no sé si existe este espacio ya. De hecho es un sector en crisis. El Estado no invierte en cultura. Todas las profesiones están desapareciendo. Hay un malestar muy grande en el sector de la cultura porque el Estado ya no puede garantizar su modelo. El modelo ha desaparecido.

Pero por ejemplo, en el caso de Valencia, la escena oficial se está manteniendo mirando hacia atrás y con una mirada muy desproblematizadora. Está muy cohesionada todavía, está haciendo un tapón también defensivo porque hay una forma de hacer políticas culturales y pensar la ciudad, todavía muy bestia…

No sé si es tan bestia, ¡eh! Yo lo veo muy caído, muy caído. No lo veo. Francamente, en este momento de impasse es cuando la cultura hace más estorbo que servicio en el Estado. Le quedan cuatro telediarios y la verticalidad que conocíamos ya no existe. Ahora, es una tontería , por ejemplo, una entrega de premios ahora es patética. La entrega de premios de Wert se encontró con los estudiantes ninguneándole. Marías ya ha dicho que no recibirá ningún premio del Estado, que más…

La cultura ahora mismo es como una parodia de lo que fue. Es una parodia absoluta. Pero a la vez parece que la cultura de mercado está reavivándose y también es normal. Esta es la comunidad cultural más grande. Junto a ella nacen pequeñas editoriales, librerías cooperativas especializadas en pensamiento feminista por ejemplo que hacen también comunidades de 10.000 personas y eso mola.

¿Que piensas del impulso de las industrias creativas, de la innovación, el emprendizaje y todo aquello que parece no tiene memoria?

Desproblematizar es una opción y es una opción muy higiénica y muy respetable. El problema grave es cuando tiene cualquier vínculo con el Estado. Es terrible. Si una comunidad de “consumidores” de cultura deciden optar por una cultura desproblematizadora es su derecho también.

El Estado con esta crisis ha dado un paso atrás muy grande y seguramente no volverá a ocupar el mismo puesto, al menos sería deseable.

La cultura es una cosa de la sociedad. Es nuestra. La fabricamos, la compartimos y nos entendemos nosotros. Quiero decir también que no toda la cultura tiene que ser igual. Hay días en que necesito una chorrada desproblematizadora y hay días que no. Lo importante es sacarle la función política al Estado. Esto es importantísimo.

Valencia ha hecho una megaciudad blanca que es CACSA cómo formula CT y tiene su versión municipalista o CB muy beligerante con el Cabanyal. ¿Que piensas de las ciudades-marca?

Todos tenemos nuestra propia versión CB, sobre todo en las ciudades. Lo de la ciudad-marca lo inventó Barcelona. Fue inventada copiándose cosas de la Costa Este y Oeste. Se hizo una cultura vertical que no cuestionaba esto. Era poner Barcelona en el mundo, con el Guggenheim poner Bilbao en el mundo. Con el rollo valenciano pues era poner Valencia en el mundo. Verdaderamente no hubo ningún tipo de respuesta a todo esto. Por ejemplo, en Barcelona  solo salió cuestionándolo Montalbán, en 1992, nadie más. Y suerte que lo hizo Montalbán, si lo hubiera hecho otro lo hubieron tratado de friki. Y seguramente hizo el friki, según ellos, era el amargado que no quería que Barcelona brillara.
Todo esto está vinculado al único negocio español, con un modelo que es la sociedad mixta. Un modelo que Valencia copió muy rápido. Se trata de crear sociedades mixtas privadas-públicas para hacer una marca de ciudad, como una Villa Olímpica. Los gastos de organización los pagamos nosotros como las cloacas y los beneficios son privados. Es una cosa que ha pasado en el mundo de la construcción y de la política. La originalidad catalana en este boom fue la independencia de las cajas. En el País Valenciano, “el país de la fiesta de España”, no eran independientes pero encontrabas el régimen. Allí tenías el “pelotazo inmobiliario, construido por unos que a su vez se daban el crédito y, a su vez, dominaban la institución”. Es el “do de pecho del régimen”.

¿Piensas que estamos frente un cambio cultural?

En el año 2011 hubo un cambio cultural en España descomunal en todas partes. Es un milagro. Hay generaciones que yo tampoco conocía. Está habiendo un cambio cultural que ya no es resistencia sino más bien posibilidades de ruptura.
Y, ¿Cuáles piensas que son los ejes de este cambio cultural? ¿Qué entrevés?

Lo principal es que ha habido una ruptura cultural. De toda la propaganda de Estado hay gente que no le ha tocado, que ha creado otras culturas. El 15M es la expresión de todo esto. El principal eje de todo esto es la palabra democracia. Es que tenemos que estar construyendo otra idea de democracia, total y absoluta. Esa es la batalla del siglo XXI. Si tenemos la democracia que nos viene de la UE o conseguimos construir una democracia cercana.

Y en el ámbito cultural, ¿ cuáles crees que serían las cuatro palabras…?

Lo primero es que detecto que es muy difícil de detectar y esto ya mola. Lo cual implica que hará falta crítica. Hará falta un periodista cultural que te explique lo que hay.

Ahora mismo no hay. Las reseñas continúen siendo muy flojas… Hay gente joven, esto es fundamental y bestia, que ha mantenido la crítica literaria en Internet. Un género que no existía en España. La crítica de arte por lo visto también. Y es una cosa muy bestia, los medios no aportaban estas dos posibilidades. Hará falta gente que informe de lo que está pasando y de los nuevos fenómenos.

Yo detecto cosas muy raras y muy dispersas. Por ejemplo, nuevos moralismos. Detecto también una literatura muy social con sorpresas lúdicas. No lo sabría explicar. De hecho ahora se vende muy poco y se está editando mucho.

Ha aparecido un nuevo fenómeno que es la pequeña editorial y la pequeña librería cooperativa y esto es nuevo. Desde hace tres años es un boom, sobre todo se trata de ensayo. Espero que no acabe tan aburrido cómo en los años  70 y no acaben todos en un Marcuse…No sé.
También detecto que hay fosas de CT como Cataluña. Todo el proceso del 9N pues está repercutiendo en la última oportunidad de una institución estatal haciendo cultura vertical y lo está haciendo bastante bien. Si no se sale de madre será el ultimo proceso vertical. Pero, el debate es si se saldrá de madre o no.

Imagen extraída de Mecánica del Muro

 

 

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