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IVAM, economía y expolio.

Hace ya un tiempo que no escribía. No soy una máquina y como cualquier labor absolutamente libre, voluntaria y personal estoy sujeta a una natural y universal ciclotímia. Otra forma de decirlo menos guasona e irreverente conmigo misma sería la de explicar que he estado muy reconcentrada este último mes.

Pensar en abstracto cambios institucionales ha sido labor silenciosa y oculta que me ha llevado entretenida en el hilo de la vida estos últimos tres años. Comprobar como aquello que parecía imposible, incluso indecible se va convirtiendo poco a poco en natural  ha sido fascinante y seguirá siéndolo, por supuesto. Comprobar los cambios, mutaciones y derivadas que me incluyen a mí misma y a los otros manteniendo la serenidad expectante, calma efervescente y generosidad exigente que requieren estos tiempos sigue siendo una labor fascinante.

Pensar sin interlocución no tiene sentido, no en estos momentos. Calcular estrategias y tensiones tampoco es mi opción ya que ello implicaría entrar en un campo controlado con un juego preestablecido.

Como decía recorrer diferentes niveles de la cultura sin prejuicios, reconocer interlocutores en sentido amplio e investigar a conciencia terrenos poco glamourosos e incluso arduos ha sido lo que me ha mantenido bastante entretenida estos tres últimos años y, en concreto, este último mes.

Y es que, cuando mi interrogación se ampliaba emergió el IVAM y su concurso internacional. Es obvio que conocí y disfruté a mi manera entonces los inicios de aquella institución pero en estos momentos tan solo me interesa como caso de estudio.

Desde hace más de un mes para mí el IVAM se ha convertido en un caso concreto en donde tocar tierra, delimitar parcelas, debatir y realizar un ejercicio de cata en profundidad; un necesario ejercicio de arqueología del presente.

He dedicado las dos últimas semanas a un estudio en profundidad de la realidad económica del IVAM. Recorrer 25 años de institución a través de sus cuentas públicas ha sido muy interesante. La institución “se cuenta” de maneras diferentes.

Iniciaré a partir de hoy y hasta el viernes que viene una serie de artículos que darán cuenta de diferentes aspectos sustanciosos. Intentaré que sean lo más ameno posible pero acepto mis limitaciones y lo árido, aunque a la vez interesante, de la temática.

Me gustaría que estos sirvieran en primer lugar como mediadores eficaces de una realidad que debe ser de público conocimiento, en segundo lugar para que las cartas del juego que están escondidas se ventilen y pongan encima de la mesa y en tercer lugar para que sirvan de orientación a buenos profesionales, candidatos eficaces a una dirección que deberían conocer esta información. Y, en cuarto lugar, para que el “buenismo desnortado” que también parece emerger con soluciones vibrantes no lo haga sin enfrentarse a la solución de problemas concretos y a un necesario reconocimiento de voces plurales que merecen todo nuestro respeto. Ahondar en la desmemoria es mala carta de presentación para un objetivo común como bien queda claro en el artículo que Álvaro de los Ángeles ha publicado hoy mismo.

Toca arremangarse la camisa…

http://www.zappinternet.com/video/navHniLluK/Como-Mantener-las-mangas-de-la-camisa-enrolladas-sin-que-se-caigan/

 

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Ciudad – I

Vivo en Valencia, una ciudad que es como otra cualquiera en el Levante español. No voy a describir aquí la ciudad que padezco sino aquellas ciudades que parecen estar preparándose, proponiéndose en diferentes ámbitos en estos momentos.

Ocurre con las ciudades como con los sueños: todo lo imaginable puede ser soñado pero hasta el sueño más inesperado es un acertijo que esconde un deseo, o bien su inversa, un miedo. Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos, aunque el hilo de su discurso sea secreto, sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas, y toda cosa esconda otra.

Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles (1972)

Hace ya unos meses que me llegan dos fuentes de información referidas a las ciudades. Me ocupo en este post de explicar el recorrido y plantear las enormes diferencias.

1.- La primera referencia es el libro  Ciudades Creativas de Richard Florida. Este libro fue editado por primera vez en inglés en 2008 y un año más tarde en castellano. El contenido no está liberado en internet, síntoma éste muy significativo, aunque adjunto una pequeña reseña y una entrevista corta.

No puedo evitarlo: ¿No parece un personaje de Mad men? Curioso ¿no?

Antes que este libro fuera tomado en cuenta la influencia de Richard Florida surgió a partir de 2002 con la fuerza de las empresas punto.com y se acrecentó con el ascenso de las redes sociales. Aunque tengo que señalar que este tipo de fuente me llega más ligada a ámbitos de la administración o políticos.

2.- La Comisión Europea ha ido interesándose por estas cuestiones. Sobre todo en lo que inicialmente se llamó Industria Cultural y que fue poco a poco deslizándose hacia la auto-denominación actual de la Industria Cultural y Creativa (téngase en cuenta aquí al cine, los videojuegos, etc). Es por ello que todos los presupuestos europeos dedicados a cultura para el Horizonte 2020 tienen un nuevo programa de actuación llamado Europa Creativa. Pero esto solo tiene que ver con “lo creativo” , no con la ciudad.

Últimamente, observo con cierto desasosiego que en mi ciudad, Valencia, se están utilizando cada vez más las referencias y tesis de Richard Florida. Algunas personas dedicadas a la gestión cultural e involucradas en otras esferas lo han tomado como un libro de cabecera; como la solución a un proyecto de futuro. Ante esto me planteo la siguiente pregunta:

Si tenemos en cuenta que ésta es la obra madura de alguien cuyo pensamiento surge con la influencia de las punto.com estaríamos hablando de al menos 12 años de diferencia y precisamente aquellos en los que estamos atravesando una crisis tan profunda. Así, ¿como se puede tomar como guía esta referencia?

Ya que ni la historia, ni el desarrollo, ni el contexto social y económico de nuestras ciudades es para nada semejante. Mi desasosiego es más punzante cuando observo que seguimos practicando el “paracaidismo” intelectual: con verticalidad, negación del contexto y alevosía en la responsabilidad pública. Muchos han sido los males que la “burbuja inmobiliaria” ha traído consigo y entre ellos resaltaré aquí una “burbuja intelectual y cultural” que ha generado un ecosistema con falta de aire fresco, con mecanismos oxidados y con un aislamiento contemporáneo crónico.

Por otro lado, este libro tiene algo que a los economistas puede encantar como una serie de “indicadores” de innovación y creatividad. Una muestra de estas investigaciones la podemos encontrar en algunos trabajos de Pau Rausell. Entiendo que la condensación de los barrios creativos puede originar un mayor intercambio y desarrollo en las industrias culturales o más sencillo: “el roce hace el cariño”.

Sin embargo, esos mismos indicadores lo son también de otras cuestiones. Algunos intelectuales, principalmente politólogos y sociólogos,  han estructurado una clara controversia frente a las ideas de Richard Florida demostrando que con los mismos números conseguían resultados diferentes o planteando que las condiciones del estudio ya no existen.

Pero quizás aquello más significativo en ambos casos es que el propio autor está poniendo en duda sus tesis en algún artículo. Desde aquí agradezco el acceso a dicha información a Jaron Rowan y Jordi Oliveras en sendos artículos escritos para la revista Nativa.